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Hogar dulce infierno

hogar 1Título original: Home Sweet Hell
Origen: EE.UU.
Dirección: Anthony Burns
Guión: Carlo Allen, Ted Elrick, Tom Lavagnino
Intérpretes: Katherine Heigl, Patrick Wilson, Madison Wolfe, Aiden Flowers, James Belushi, Jordana Brewster, Heath Freeman, A.J. Buckley, Kevin McKidd, Artie Baxter, Johnny Hawkes, Bryce Johnson, Yohance Myles
Fotografía: David Hennings
Montaje: Robert Hoffman
Música: John Kelley
Duración: 98 minutos
Año: 2015
Compañía editora: Blushine


4 puntos


Cinismo y poco más

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

hogar 2Tanto el cinismo que han aplicado los hermanos Coen como Sam Mendes en buena parte de sus respectivas filmografías (pensemos en Quémese después de leerse o en Belleza americana como ejemplos para cada caso) ha dejado algunas herencias nefastas, que podrían resumirse en un distanciamiento vacuo, pedante y hasta perezoso, escudándose en el diseño de personajes en extremo superficiales o hasta directamente tontos. Algo de todo eso hay en la comedia negra Hogar dulce infierno, aunque su medianía la termina salvando de ser un bodrio absoluto.

Desde un comienzo, el film de Anthony Burns va dejando bien en claro su punto de vista, partiendo de la historia de Don Champagne (Patrick Wilson, con eterna cara de confundido), un pobre tipo que pasa su existencia sosteniendo una vida aparentemente ideal con su maniática esposa Mona (Katherine Heigl), quien está empeñada en mantener -hacia adentro y hacia afuera del núcleo familiar- una imagen ideal, impoluta y rígida hasta el hartazgo. Es decir, la familia americana de los suburbios hasta el extremo de la superficialidad e hipocresía, barriendo bajo la alfombra que se acumula irremediablemente. Aunque claro, tanta basura en un momento termina por llegar hasta el techo, y cuando se prende el ventilador, salpica a todos, y eso es lo que sucede cuando Don comienza un romance con una ardiente vendedora que trabaja en su negocio (Jordana Brewster). El problema no es tanto que se quiera hacer una tesis social sobre la burguesía estadounidense y sus falsedades, ni tampoco que Hogar dulce infierno despliegue una serie de personajes definitivamente chotos -amarretes, torpes, idiotas, miserables, egoístas, superficiales y un largo etcétera-, sino que el único sostén que posee para cimentar su relato es un humor en extremo banal y previsible.

La narración de Hogar dulce infierno transita por una enorme cantidad de estereotipos definitivamente molestos, sin conseguir capturar la atención del espectador, que no logra empatía, o por lo menos un distanciamiento entretenido respecto de todo lo que sucede. Sólo consigue remontar en buena parte de su último tercio, cuando adquiere mayor protagonismo el personaje de Mona, que cuenta con una interpretación llamativa por parte de Heigl, una actriz que construyó gran parte de su carrera a partir de comedias románticas de medio pelo como Asesinos con estilo y Bajo el mismo techo, pero que aquí ofrece una actuación construida en base a dosis similares de cálculo, desborde y psicopatía, casi en una deconstrucción de los personajes que encarnó anteriormente.

Aún así, el film jamás consigue trascender una mordacidad inofensiva, sin sustento y hasta un tanto pecho frío, que culmina en un final supuestamente oscuro pero que en verdad no deja de ser sentencioso y hasta machista. Sin embargo, Hogar dulce infierno es tan pequeña, tan intrascendente, que ni siquiera ofende, y hasta dan ganas de preguntarle a las estrellas que integran su reparto -entre las que aparece un desdibujado James Belushi- para qué demonios hicieron la película. Probablemente contestarían lo mismo que Homero Simpson: “ahhhh, los misterios de la vida…”.

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