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Quémese después de leerse

Los hermanos se divierten

Por Juan Francisco Gacitua


5 puntos


Mientras los hermanos Coen se divierten, otros directores intentan hacer cine.
Puede sonar demasiado categórico pero lo cierto es que su última película, Quémese después de leerse resulta en un rejunte de ideas inconexas cuya única finalidad es reírse de estereotipos desde personajes caricaturescos y situaciones trilladas que, lejos de actuar como una crítica positiva hacia el cine, la televisión o ciertos parámetros sociales, resulta en un regodeo intelectual. Este aspecto hace que muestren con mayor énfasis la omnisciencia del director y el guionista, apartándose de su propio relato, casi despreciándolo.

Hay que decirlo, no es que en los aspectos técnicos tenga defecto alguno la película: la dirección de fotografía y la capacidad para utilizar cada encuadre de manera efectiva sigue siendo un rasgo que los Coen continúan manejando perfectamente bien, incluso a veces riéndose del cliché que representan algunos, a menudo utilizando recursos como el primer plano o el plano detalle como meta referencia cinematográfica -específicamente hacia el género policial-. También hay cierta crítica a algunos situaciones del cine que, habiendo sido usadas hasta el hartazgo, los Coen las ponen de manera burlesca: fíjense sino la secuencia del armario.

Bien, hablamos del género policial pero es una comedia, entonces se sobreentiende que estos auténticos pillos tienen en mente otra cosa. O sea, la idea es utilizar al “policial” como excusa para meter dentro del guión un montón de personajes caricaturizados que se mueven en un entorno lógicamente caricaturizado. No conformes con esto, los personajes también son crueles, miserables y, sobre todo, estúpidos. Y, como es de suponerse, si los personajes son estúpidos dentro del contexto del film, también es estúpido el relato, ya que no hay denuncia, es cinismo: se trata de la cosmovisión de los directores respecto a los entornos que describen en su film. Entonces, en su despiadada crítica hacia los entornos y estereotipos, a las que también se puede sumar el imaginario colectivo que el espectador recepciona (si, no se mofan de tal o cual agente de inteligencia, se mofan de la representación que el común de la gente tiene de un agente de inteligencia) los directores apenas prestan atención al relato.

El guión, como suele suceder en sus buenas y malas producciones es hermético y calculado, siendo el resultado final de la película un relato que no se puede rescatar con otros elementos que le darían otro vuelo (léase: actuaciones, escenografía y música). Lógicamente, las actuaciones son caricaturas pergeñadas que en algunos casos divierten y en otros aportan poco. No descubrimos nada diciendo que Brad Pitt, George Clooney, Tilda Swinton, John Malkovich o Frances McDormand son buenos intérpretes, pero lo que hacen responde a algo escrito donde no hay espacio para la improvisación, donde abundan one-liners que se pretenden inteligentes y algunos diálogos que son sosos y ridículos, que funcionarían mejor en un capitulo de Saturday Nights Live. La música, particularmente el leitmotiv, es usada para mantener la “intriga” del film, que, como se imaginarán, es una lisa y llana estupidez. Una pena porque la pieza musical de Carter Burwell es buena.

Después de Sin lugar para los débiles y sus respectivos (y merecidos) reconocimientos, llega esta comedia que resulta en un relato pobre carente de alma, a la cual los hermanos bien pudieron haberla utilizado como fuga de todas las cosas que quisieron preconizar ante la sociedad en anteriores películas. Le falta la frescura y la inteligencia para ser definida como película: aquí hay una intención de sacralizar posturas, saldar cuentas con la sociedad y apuntar con el dedo a partir de estereotipos. Pero no señores, no se confundan, eso no es cine.


Girando en el vacío

Por Mex Faliero


5 puntos


Estoy haciendo un esfuerzo por ver si le encuentro un sentido a la última película de los Coen. A ver… en realidad uno no debería hacer un esfuerzo, las películas deben gustar por su propio peso. Pero veamos. Me da la impresión de que el último diálogo resignifica muchísimo todo lo visto anteriormente.

¿Esas últimas palabras de J.K. Simmons sobre las enseñanzas o moralejas que dejaría el cuento narrado no hablan un poco sobre el sinsentido del cine, a veces? ¿No hablan sobre este momento de Hollywood en el que todo es ruido y poco más que nada? ¿No son una ironía sobre el vacío que representan algunas películas? No olvidemos que lo hacen desde el film de espías, sobre una pseudo película de acción que nunca estalla.

Evidentemente la propuesta está jugada hacia el lado de la imbecilidad. Y como en las peores películas de los hermanitos, los que no son tarados son despreciables (o las dos cosas juntas). El film es vacío, los personajes son vacíos (por eso nos cuesta sentir simpatía por algo) y sus vidas -o sus caricaturas de vida- son vacías. En determinado momento se cuela algo de tristeza, de melancolía. Hay una soledad bastante tangible en todos y el esfuerzo es por salir de ese lugar. Ahora ¿no es un vacío estético y autoconciente? Pero además ¿se puede parodiar al vacío desde el vacío mismo? El film es lúcido y a la vez contradictorio.

A Quémese después de leerse le faltan toneladas de humor. El film languidece, se achata, se empobrece a medida que avanza. Por momentos parece hecho como sin ganas. Y en su propio juego de bordear la estupidez y dejar sentado un poco el feo presente que palpan, los Coen se enroscan en su propio juego. El tema es ver cuánto de eso no está previsto.

Quémese después de leerse es una película atípica. A simple vista totalmente fallida pero en escorzo, tiene niveles de interpretación interesantes. Es un poco perversa y a veces, descarada. Porque si bien satiriza el vacío del cine, lo hace siendo igual de inútil y uno termina preguntándose si no está bien de tanta misantropía y si los Coen no se pasaron de listillos esta vez. Es como si justificaran todos los huecos de su película en lo horrible que es el mundo.

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