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Leopardi, el joven fabuloso

lopardi1Título original: Il giovane favoloso
Origen: Italia
Dirección: Mario Martone
Guión: Mario Martone, Ippolita Di Majo
Intérpretes: Elio Germano, Michele Riondino, Massimo Popolizio, Anna Mouglalis, Valerio Binasco, Paolo Graziosi, Iaia Forte, Sandro Lombardi, Raffaella Giordano, Edoardo Natoli, Federica De Cola
Fotografía: Renato Berta
Montaje: Jacopo Quadri
Música: Sascha Ring
Duración: 143 minutos
Año: 2014


5 puntos


Vidas literarias

Por Guillermo Colantonio

(@guillermocola)

lopardi2I-Hay una escena bisagra en el film de Martone. El poeta, acosado por la autoridad de su padre, reclama que lo deje salir de la vida pueblerina. Entonces se escuchan los versos que suenan como gritos desesperados: “Yo odio esta vil providencia/que nos hiela, que nos ata/nos reduce a ser animales/que se preocupan solamente/de la conservación de la propia vida…”. A partir de ese momento, el encierro tortuoso de los ambientes cerrados dará paso a la agitada vida urbana y culturalmente activa.

Ensayemos una paráfrasis y tomemos los versos del poeta para expresar la desazón como espectador ante Leopardi, el joven fabuloso: “cansa la providencia de los biopics/que nos hiela, nos ata/nos reduce a ser criaturas estáticas/que se preocupan solamente/ de la conservación artística de calidad…”.

II-Las decisiones recurrentes de las biografías sobre artistas, si no se regodean en las miserias personales, suelen fundarse sobre dos presupuestos cómodos. El primero es que se debe ser todo lo prolijo que se puede en términos estéticos de manera tal que nada perturbe un tipo de mirada relajada. Para ello, el director colaborará (como lo hace Martone) con delicados travelling circulares, el actor triunfará con una actuación que roce lo mimético y habrá todo un equipo que garantizará la factura técnica de la película. La belleza de las imágenes trasunta frialdad, distancia, pose, pero siempre será un buen refugio.

El otro presupuesto se basa en la ilustración. No puede haber intersticios, ambigüedades que puedan perturbar la lección iconográfica del artista en cuestión, la exposición ordenada de su vida (literaria en este caso). Entonces, el biopic se vuelve lineal, reiterativo, enciclopédico (e intrascendente).

Son pocos los momentos en los que Martone abandona estos principios condicionantes e introduce algunos elementos distintivos. Hay por allí algún anacronismo perdido donde la figura del poeta romántico se asocia a un paradigma de héroe dark; esta impresión nace de la elección musical que acompaña esos raptos de libertad. Son pocos y son breves lamentablemente.

III-¿Qué hay detrás de los versos del poeta que atraviesan la pantalla? ¿Cómo conservar su vena poética, cómo no resignar la fuerza vital que transmiten? ¿Cómo no perder de vista la melancolía que trazan en su sonoridad? Tamaño desafío. Martone escoge acompañar las palabras con la lógica de un video musical y establece una ligazón referencial cuya elementalidad incluye a Leopardi mirando la luna, las estrellas y alguna que otra pose más asociada al espíritu romántico. Allí, donde el fundido en negro podría haber puesto en primer plano la potencia literaria de las palabras y al mismo tiempo del cine (con sus silencios visuales), como un arte que también trabaja los sonidos, las imágenes repiten las palabras, las vacían, las apagan.

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