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Recapitulación de Game of thrones: The sons of the harpy

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

game_of_thronesYa las piezas están terminando de acomodarse en la quinta temporada de Game of thrones y por eso en The sons of the harpy hay un raro equilibrio entre la transición rumbo a los grandes sucesos y decisiones, el desarrollo de los personajes a través de diálogos muy puntuales y la pura acción.

Por eso no deja de ser interesante ver cómo Jamie Lannister continúa cimentando su vínculo con Bronn, primero con un revelador diálogo entre triste y oscuro acerca de los diversos lazos –que van mucho más allá de lo sanguíneo- con sus hermanos, pero también con el humor más desopilante en el medio de la violencia. Ambos personajes han sido trabajados durante toda la serie a través de lo paradójico, evidenciando lo coherente en sus contradicciones: los dos se definen por sus fidelidades, siempre recubiertas de una pose cínica y distanciada. La misión que han emprendido, no sólo es cercana a lo imposible, sino que su éxito podría terminar de romper una frágil paz, en otro paradoja más. Igual, Ellaria Sand ya tiene junto a las Serpientes de la Arena sus propios planes para romper esa paz…

Mientras tanto, Tyrion es llevado por Jorah hacia Meereen, la tierra donde encuentra Daenerys. Habrá que ver si el plan de Jorah funciona. También si va a tener la paciencia suficiente para bancarse al irritante Tyrion.

El que ha quedado muy mal parado es el joven Rey, definitivamente en el medio de una guerra silenciosa entre su madre Cersei, quien restaura la Fe Militante, y su esposa Margaery, cuyo hermano termina preso por ser homosexual. Cersei definitivamente no es tonta y nos demuestra que la religión es una excelente herramienta para ser usada políticamente, aunque también es un arma de doble filo: la religión –cualquier religión- no suele tolerar ser usada para hacer política; la religión hace política y siempre busca tomar el mando.

En el Castillo Negro, se dan dos escenas opuestas en su tono y configuración de los personajes. Si primero vemos a Jon Snow resistir estoicamente los avances de Melissandre, quien le ofrece su cuerpo –ella tiene razón cuando le dice que no sabe nada: ¡sos un salame, Jon!-, luego vemos a Stannis Baratheon en una instancia de inesperada dulzura para con su hija. Bueno, el tipo de dulzura que puede tener un tipo como Baratheon, que no es precisamente un torrente de amor. Aún así –o precisamente por eso- es un momento sumamente emocionante.

Todavía en el Norte, pero no tan al Norte, Littlefinger le dice a Sansa que debe dejarla sola en Invernalia para atender negocios en Desembarco del Rey. La escena, como el vínculo entre ellos, es sensualmente inquietante, con un componente melancólico muy relevante, porque la unión presente que tienen está atravesada por múltiples evocaciones de sus respectivos pasados. Vale la pena decirlo ahora: Littlefinger es un sorete realmente encantador y quizás ha encontrado en Sansa una inesperada aprendiz.

Terminamos con los Hijos de la Arpía concibiendo una nueva movida contra Daenerys: una trampa contra los Inmaculados, que lleva a una lucha terriblemente angustiante, con un suspenso magníficamente manejado, que terminará con Gusano Gris y Barristan afectados por múltiples heridas, que los dejan desfallecidos, desmayados… ¿muertos quizás? Se vienen nuevos enfrentamientos, batallas, guerras sin cuartel en Game of thrones. Difícil predecir las consecuencias.

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