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Recapitulación de Game of thrones: High sparrow

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

game_of_thrones¿Se viene un recambio generacional en Game of thrones? En cierto modo, ese es uno de los temas que subterráneamente atraviesan la serie: cómo el poder se traslada de una generación a otra, de padres a hijos, a veces de manera más fluida y coherente, pero casi siempre con múltiples tensiones, diferencias o tramas ocultas; o cómo los hijos eligen un camino totalmente independiente del que los padres eligieron originalmente para ellos. En capítulos como High sparrow, ese tópico sale más hacia la superficie, aunque al mismo tiempo estén pasando muchas cosas y el espectador tenga que estar prestando atención a todos los eventos que se dan en paralelo.

Difícilmente Ned Stark hubiera imaginado que su hija menor, Arya, estaría en Braavos tratando de aprender a ser una asesina. Pero lo cierto es que en algún momento, cuando le abrió a la niña las puertas del aprendizaje con la espada, estaba sentando las bases para eso. Arya es un personaje apasionante por razones tan elementales como sutiles: básicamente, es alguien que siempre está cambiando, porque el camino que ha emprendido la hace toparse permanentemente con dificultades que exigen un aprendizaje, y el aprendizaje siempre te cambia, pero en el fondo sigue siendo esa niña algo rebelde pero también necesitada de una figura paterna en la cual mirarse, con la que confrontar e identificarse a la vez. Tuvo alguna vez a su padre, tuvo a su maestro de espada, tuvo al “Sabueso”, ahora tiene a Jaqen H’ghar. Arya muy probablemente siga cambiando, mientras sigue siendo la misma, lo cual la hace perfecta para ser integrante de los Hombres sin Rostro.

La hermana de Arya, Sansa, definitivamente ha cambiado y así lo indica su futuro casamiento con Ramsey. Es cierto que lo hace por indicación de Littlefinger, pero hay en ella una capacidad para tomar sus propias decisiones, para razonar sus propios movimientos, que la han alejado notoriamente de la ingenua y frágil joven que fue alguna vez. También ella tiene un nuevo padre, que es también su amor, y es Littlefinger, en un diálogo con su herencia materna y paterna que no deja de ser muy particular. El tema es ver cómo lidiará con ese ser salvaje e impredecible que es Ramsey.

Mientras tanto, si Joffrey Baratheon era odioso, Tommen, su hermano y nuevo rey, es apenas patético de tan ingenuo que es. Uno lo ve como presa fácil de las circunstancias: su nueva esposa, Margaery Tyrell, tras una pacífica boda –toda una rareza en esta serie- está en condiciones de hacer lo que quiere con él, lo manipula como sólo una mujer puede hacer con un hombre, demostrando que el género masculino piensa demasiado con el pene. Pero claro, también está la madre, y qué madre: por ahora Cersei Lannister se ve impotente frente a la nueva reina, quien busca –hasta ahora con éxito- relegarla a un lugar secundario. Ojo: Cersei es Cersei, jamás se resigna y por eso se intuye una gran confrontación por el poder entre dos mujeres.

Terminamos con dos imágenes fuertes y seguramente trascendentes a futuro: la primera es de Jon Stark cortándole la cabeza al rebelde Janos Slynt, en una brutal demostración de autoridad frente a toda la Guardia Nocturna, Stannis Baratheon (su gesto de aprobación es sumamente sugestivo y simbólico) y él mismo, en un acto que difícilmente habría podido ser llevado a cabo por su padre Ned. La segunda es la de Jorah Mormont secuestrando a Tyrion Lannister –el parricida más simpático de la historia-, con la intención de llevárselo como ofrenda a… ¿quién? Definitivamente, el pobre enano está destinado a meterse siempre en problemas.

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