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La última bala

chamber posterTítulo original: One in the Chamber
Origen: EE.UU.
Dirección: William Kaufman
Guión: Derek Kolstad, Chad Law, Evan Law, Benjamin Shahrabani
Intérpretes: Dolph Lundgren, Cuba Gooding Jr., Leo Gregory, Claudia Bassols, Louis Mandylor, Billy Murray, Aaron McPherson, Lia Sinchevici
Fotografía: Mark Rutledge
Montaje: Russell White
Música: John Roome
Duración: 91 minutos
Año: 2012
Compañía editora: SBP


3 puntos


Mercenarios

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

chamber unoEl cine, como la vida, está repleto de mercenarios. Y hay diferentes tipos:

Tenemos a mercenarios aburridos, en verdad insoportables, como Cuba Gooding Jr., quien supo tener sus minutos de gloria en la segunda mitad de los noventa, donde incluso ganó un Oscar por su labor como actor de reparto en Jerry Maguire – amor y desafío. Pero con la entrada del nuevo milenio, evidentemente decidió liquidar su carrera: comenzó a hacer películas de medio pelo, para luego entrar de lleno en los policiales y las cintas de acción destinadas al mercado hogareño. Pero lo peor no es eso: lo peor es que encima hay que bancárselo mientras sigue pretendiendo que es un actor de prestigio, importante, recitando sus diálogos con aire serio y trascendental. Sí, Cuba, ya sabemos que ganaste un Oscar, ya sabemos que laburaste con Tom Cruise y Jack Nicholson. Pero ahora, luego de seguro haberle gritado a tu representante “¡show me the money!”, estás haciendo películas Clase Z, así que hacete cargo.

Luego tenemos a mercenarios un poco más divertidos, como Dolph Lundgren, un tipo bastante consciente de que lo máximo que hizo fue interpretar a Ivan Drago en Rocky IV y a Andrew Scott/GR13 en Soldado Universal, y que ahora sólo puede dedicarse a esperar que Sylvester Stallone lo llame para trabajar en las sucesivas entregas de Los indestructibles. Nunca tuvo una gran carrera, jamás se apartó del género de acción, conoce sus limitaciones y lo que puede dar. De ahí que haga lo que más sabe: pegar algunos puñetazos, balear gente y tirar un par de líneas más o menos ingeniosas, bien en piloto automático, sin ninguna clase de brillantez, pero con cierta efectividad. Lo hace porque está al corriente del público al que se dirige y no le da vergüenza.

Y luego tenemos mercenarios como yo, un crítico al que no le quedó otra que hacerse cargo y escribir sobre esta tontería llamada La última bala, acerca de un asesino a sueldo (Gooding Jr.), con mucha pero mucha culpa (tanta que tenemos que soportar su voz en off recitando versículos de la Biblia) por lo que hace (aunque eso no le quita efectividad a la hora de desempeñarse en el Este de Europa), que queda atrapado entre dos bandos de la mafia rusa, siendo perseguido además por otro asesino a sueldo, conocido como El Lobo (Lundgren). Y acá estoy yo, tratando de sacarle agua a las piedras, de decir algo más o menos original sobre una peli que no tiene nada nuevo para ofrecer, cuyas escenas de acción están filmadas con absoluta pereza, que termina siendo aburrida a pesar de que sólo dura una hora y media, y que lo único destacable que tiene en pantalla es la aparición de Claudia Bassols, una actriz española hermosísima, pero que es difícil decir si es buena intérprete: es que la ponen a hacer del interés romántico del protagonista, sonriendo, llorando o gritando de acuerdo a lo que pide cada secuencia, mientras recita diálogos imposibles. Sí, la verdad que la profesión de crítico a veces te pide que seas un mercenario. Sólo que a diferencia de los otros dos, ni siquiera te pagan bien.

Seguramente, querido lector, me dirá que cuando usted me lee no es para enterarse de mis desgracias. Lo sé, y tiene razón, pero agradezca que no protesto apelando a fragmentos de la Biblia. Agradezca que soy ateo y tome el siguiente consejo: no mire La última bala. Ni siquiera lo haga aunque esté muy aburrido y la estén pasando por Space un sábado a la medianoche.

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