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Posesión infernal (en contra)

poster evil deadTítulo original: Evil Dead
Origen: EE.UU.
Dirección: Fede Alvarez
Guión: Fede Alvarez, Diablo Cody, Sam Raimi, Rodo Sayagues
Intérpretes: Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Jessica Lucas, Elizabeth Blackmore, Phoenix Connolly, Jim McLarty, Sian Davis, Stephen Butterworth
Fotografía: Aaron Morton
Montaje: Bryan Shaw
Música: Roque Baños
Duración: 91 minutos
Año: 2013


5 puntos


El juego del miedo

Por Rodrigo Seijas

evil dead unoNo dejo ni dejaré de tenerle cariño a Sam Raimi, a quien le debo momentos de cine alocados, con mucha inventiva y vocación por explorar los géneros, como en El hombre sin rostro, El ejército de las tinieblas, Rápida y mortal y Premonición. Incluso dentro de una trilogía a la que considero fallida, como es El Hombre Araña, no dejo de reconocer que hay una porción de riesgo, de personalidad, de un cineasta con un punto de vista sobre el cine. Por eso no deja de desilusionarme (y mucho) la remake de Posesión infernal, por todas las expectativas creadas.

Coincido con lo dicho por Matías Gelpi en su crítica a favor de la película en que esta reversión es probablemente lo que Raimi quiso hacer en los ochenta pero no pudo por falta de presupuesto, tiempo, conocimiento, etcétera, con una actualización técnica y narrativa. Sin embargo, disiento respecto a algo que se desprende de su texto, y es la supuesta falta de ambiciones del film de Fede Alvarez. Me parece que Posesión infernal buscó posicionarse incluso antes de su estreno como una experiencia por fuera de la norma, incluso a partir de su eslogan (“la experiencia más aterradora que vas a vivir”). Hasta es llamativo cómo las imágenes promocionales son en extremo violentas, como si los realizadores detrás del proyecto hubieran querido resaltar cuán sangriento era lo que les esperaba a los espectadores.

Pude ver hace poco la Evil dead original. No me gustan las conclusiones facilistas, donde siempre la primera versión es la mejor de todas y la nueva es por ende una porquería, pero debo reconocer que, con todas sus limitaciones, era una cinta repleta de ideas, con secuencias donde se trabajaban muy bien los climas y una violencia tan juguetona como perturbadora. Ya ahí se podía intuir que Raimi era un cineasta con una mirada distintiva en el género del terror.

Me hubiera gustado poder decir lo mismo respecto de Fede Alvarez, más todavía porque el horror y el terror actual necesitan una renovación urgente, donde se apunte nuevamente a tener prioridad el contar historias y desarrollar personajes. Sin embargo, justo es esto lo que más falta en la nueva Evil dead. El director uruguayo sabe sobre puesta en escena, es conocedor sobre su oficio, pero está lejos aún de ser un autor. De hecho, apenas si es un buen artesano. De ahí que en el film nunca se pueda crear ningún tipo de empatía con los protagonistas, a pesar de que el relato pide justamente eso. Incluso es notoria la escasez de climas apropiados, salvo en contadas escenas, como la de la ducha. La película se limita a acumular tripas sobre tripas sin demasiado sentido, por lo que la escala de conflictos nunca adquiere verosimilitud.

Lo que termina viéndose es un producto terriblemente inflado, pura cáscara. Posesión infernal es antes que nada una especie de significante vacío donde tanto los fanáticos como los sectores críticos pueden colocar todo lo que esperan de antemano: puede comportarse como un gigantesco y divertido festival de violencia; un vehículo para ver referencias a grandes maestros como Darío Argento; un modo de recuperación de la era dorada del cine de terror estadounidense; y un largo etcétera. Pero en realidad hay poco y nada de eso.

Posesión infernal no posee ni la violencia con lectura político-social, como Arrástrame al infierno, ni la que inquieta e interpela al público, como su antecesora de los ochenta. El “terror” que termina desarrollando está mucho más cercano de lo que parece al de la saga de Saw o Hostel, con sus espectadores insensibles asistiendo a las diferentes instancias de crueldad como si estuvieran viendo pornografía de la peor, sin pensar realmente en lo que están mirando. No deja de resultar paradójico que Raimi, buscando revivir a esta saga de culto y por ende a una vertiente más clásica del género, termina cayendo él también en el posmodernismo violento y cínico. Quizás la fórmula no pasaba tanto por complacer a los fanáticos, porque esos fanáticos ya no son los mismos.

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