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Castigo sangriento

Título original: Detention
Origen: EE.UU.
Dirección: Joseph Kahn
Guión: Joseph Kahn, Mark Palermo
Intérpretes: Alison Woods, Logan Stalarow, Julie Dolan, Shanley Caswell, Daniel Negreanu, Will Wallace, Josh Breeding, Marco Garcia, Josh Hutcherson, Mickey River, Jesse Heiman, Joseph Keane
Fotografía: Christopher Probst
Montaje: David Blackburn
Música: Brain Mantia, Melissa Reese
Duración: 93 minutos
Año: 2011
Compañía editoria: Blushine


7 puntos


Adolescentes y muchas referencias

Por Matías Gelpi

Empecemos con un lugar común: Castigo sangriento es una mezcla de Scott Pilgrim contra el mundo, Se dice de mí y Scream. O mejor, podríamos decir que si Edgar Wrigth (director de Scott Pilgrim…) hubiera dirigido y Kevin Williamson hubiera escrito el guión de Se dice de mí, el resultado hubiera sido parecido a Castigo sangriento. Aunque todo esto no dice nada.

Desde la primera secuencia, que es muy buena, el film de Joseph Kahn nos da una idea bastante clara de lo que vendrá a continuación: mezcla de elementos y géneros, autoconciencia y referencias culturales varias. Allí se nos presenta a Taylor (Alison Woods) adolescente pasada de vueltas que nos cuenta cómo es el mundo de la secundaria, y dice cosas como “los noventa son los nuevos ochenta” (una de las premisas de la película); al final de la secuencia es asesinada por un enmascarado a cuchillazos y uno dice: “¡pues claro, esta es la Scream de nuestra década!”. Inmediatamente, la película muestra otra presentación parecida: esta vez es el personaje de la poco popular Riley (Shanley Caswell), opuesta en todo a Taylor, que nos va contando el infierno en que puede convertirse la secundaria. Y a partir de allí se irán agregando elementos, personajes y subtramas hasta el infinito.

Uno de los personajes más interesantes y divertidos lo compone Josh Hutcherson (Zathura, Viaje al centro de la tierra, Los Juegos del hambre).Su Clapton Davis es gracioso, tierno y con mucho timing para la comedia de diálogos veloces. Es como si Robert Downey Jr. hubiera puesto una escuela de cínicos que hablan a toda velocidad. También hay muchos personajes de “un solo chiste” como la Ionely que interpreta Spencer Locke, quien siempre es quien expresa la referencia noventosa a cada momento del film, o Toby T. (Marque Richardson), un adolescente apático y aburrido incluso en los momentos de mayor tensión. Salvo por algunos momentos de caos, las apariciones de este tipo de personajes estereotipados están bien incluidas y divierten.

Esta reseña se está convirtiendo en un pastiche como Castigo sangriento, con muchos elementos que se suman pero que no agregan, ya que ahora vamos a mencionar algo que no tiene nada que ver con el párrafo anterior: algún aspecto formal. Digamos que no hay, salvo por momentos puntuales, un homenaje desde  el punto de vista estético a la década del noventa. De hecho, la película se ve como un film actual. Y, si somos un poco sobre-interpretativos, podríamos decir que desde el montaje, el ritmo, la música, los diálogos etcétera, la película homenajea a la adolescencia; al cuerpo y la mente neurótica adolescente que está en ebullición; que se deprime y se alegra casi al mismo momento; que se excita o se apaga ante el mismo estimulo; que es consciente de su caos interno y externo pero que lo único que puede hacer es atravesarlo (si tiene suerte) con un poco de esperanza.

Ciertamente el bombardeo de información y ritmo frenético al que nos somete este film lo convierte por momentos en una canchereada al mejor estilo Padre de familia. Aunque por suerte hacia el final retoma la sensibilidad, y nos dice en la cara que los años de secundaria pueden ser una mierda pero no son el fin del mundo. Es lindo pensar eso, a pesar de que no se pueda aplicar a todos los casos.

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