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I FESTIVAL MAR DEL PLATA JAZZ: día de fiesta

Por Gabriel Piquet

Durante la tercera jornada del Festival se suspendió la charla/clínica que iban a dar Pepi Tabeira y Luis Agudo: el motivo sería explicado por el propio Tabeira en el show de la noche: “estamos muy contentos de estar acá a pesar del viaje de nueve horas en micro”. Según sabemos, la idea era que estuvieran cerca del mediodía en la ciudad, pero la Autovía 2 estaba tan cargada por el fin de semana largo que duplicó en horas el viaje de los músicos.

Plaza San Martín, sobre el escenario el Federico Lera/Matías Rivara Quinteto. Luego de una prueba de sonido en la que realizan un tema completo -y muchos de los presentes creen que arrancó el show- arrancan y lo que se escucha en esa previa promete: comienzan a sonar los acordes de Come rain, come shine, con Lara y Rivara (saxo y trompeta) intercambiando solos. Federico toma el micrófono para comunicar que realizarían un tributo a Art Blackey & The Jazz Messengers, “que era un reconocido baterista dentro de la corriente denominada hard bop”. Siguen con Along came Betty que pertenecía al saxofonista del grupo, y sin intermedios escuchamos Moanin´. Por lo escuchado, decir que la banda resuelve bien el cambio de guitarra por piano de la formación a la que tributan; Ignacio Mascarenhas es el encargado de cumplir esa función y lo demuestra con un solo en el tema antes mencionado. Damián Manzo está contenido, pero es también en este mismo tema en donde muestra las virtudes que tiene para ir llevando el tiempo de la banda, jugando con el aro del redoblante, sacándole sonidos para luego terminar en un solo más tradicional pero muy efectivo.

El contrabajo de Pedro Carignan está correcto en su tarea. Cuando tiene el turno de su solo, demuestra que puede animarse a más. Es sorprendente la cantidad de músicos jóvenes que se están volcando al jazz en esta ciudad, esta banda y la big band de la ICM dan prueba de ello. Breve paréntesis: Martín de la Saletta,volviendo a uno de sus roles (músico, organizador) en este caso presentador, mientras se escuchan tambores de fondo anuncia que “es para nosotros un gusto tener en el Festival a la comparsa de candombe Manoahi, la primera comparsa afrouruguaya de la ciudad”. A continuación con diez tambores, más nueve bailarinas, le ponen todo el ritmo a ese sector de la plaza: la gente disfruta, baila en algunos casos y las cámaras de fotos están por todos lados. El quinteto se le suma en una improvisación y la fusión queda muy buena. La comparsa, luego de unos 20 minutos al ritmo de los tambores, se despide, vuelve el show del quinteto, se agrega el saxo de Juan Mondon y con un tema bien bailable -Caravan (Elligton)- continúan con un segunda parte más corta del recital.

Más tarde, vamos al Teatro Colón. El recinto que pertenece a la Municipalidad -se podría decir la sede más importante que tiene el festival- y es el turno de Holman Alvarez Trío: el pianista acompañado de Martin de la Saletta en contrabajo y Luciano Ruggieri en batería. Los temas en su mayoría están llevados por el pianista, De la Saletta y Ruggieri van matizando y dando variables que en muchos de los casos me recordó a bandas de sonido de policiales de las décadas del 60 y 70. Pasan así los temas Señor K, Aristóteles, El hombre sin rostro, y es este tema el que me genera una tensión que me hace pensar en las películas antes mencionadas y la típica persecución de un personaje acechado. Le sigue El coronel y Balada, que me trae el recuerdo en  algunas composiciones de Gonzalo Rubalcaba, es un tema como lo indica su título, de tiempo reposado que lleva a todo el teatro a mantenerse concentrado en el pianista por la sentida interpretación.

Termina, el grupo y los tres integrantes de pie en el medio del escenario son aplaudidos durante un largo rato.

Es el turno del Marcos Basso Jazz Ensamble. En esta formación los instrumentos de viento son el centro de atención. La base más tradicional, por así decirlo, de guitarra de Marcos Basso, contrabajo de Martín de la Saletta, y batería, Luciano Monte, hacen de soporte para que Juan Mondón, Federico Lera, Federico Viceconte, Alejandro Zak Vizzozero -saxo alto, tenor y barítono respectivamente-, Matías Rivara en la trompeta y Mario Alvarez en el trombón nos deleiten con el sonido de sus bronces. Se le sumará como invitado el saxofonista Elan Asch y en un tema puntual tomará el contrabajo Nicolás Pasetti. El ensamble constituido en su mayoría por músicos locales y liderados por el guitarrista (destacar la tarea de Basso fuera del ámbito del jazz como arreglista en algunos tema del músico de rock marplatense Salomar) está bien armado, generando momentos en los que todos los instrumentos de viento logran fusionar e interactúan con la guitarra. No puedo agregar más, sólo decir que lo disfruté.

Termina este set, el público queda con ganas de más, y eso pronto será subsanado cuando suba al escenario el Trío Promedio. A Pepi Tabeira lo tenía en su faceta de baterista, nunca lo había escuchado en la percusión. El músico tiene una forma de hablar muy cálida. Si la organización me hubiera dicho que había que esperar esta banda tres o cuatro horas más, les decía “no hay problema, espero tranquilo”. Voy a definírselo de la forma más convencional posible: este trío sería Pepi Tabeira su pata africana, Luis Agudo su pata de ritmos del Brasil, y en el medio Pablo Puntoriero que vendría a ser la pata más oriental si se quiere por algunos sonidos que saca en el saxo o la flauta. Comienzan con un tema de Luis Agudo, les sigue Felicidad para todos, de Tabeira. A esta altura del espectáculo ya me empiezo a dar cuenta que estoy ante un evento de esos que van hacer historia y que algún día contaré con orgullo. Los instrumentos que Agudo y Tabeira tocan -balafón, mviras, bolón batán- son para mí desconocidos por el nombre pero su sonoridad es reconocible enseguida.

Pepi Tabeira presenta el tema Familia de un disco llamado Reunión, en el que participó Puntoriero. Es una samba, en la que contagia el ritmo: enseguida nos traslada al país vecino y su carnaval. El ingreso de la flauta en un momento del tema lo acerca a sonidos del altiplano. Tabeira dice “este tema que vamos hacer a continuación es de un saxofonista que a mí particularmente me gusta mucho, Pharoah Sanders” y agrega que lo harán “en nuestra versión”, demostrando una humildad de alguien que cree no poder estar a la altura del original. Pegándole a todos los cuerpos de la batería (tones, redoblante, chancha) empezamos a escuchar Africa. Este es el momento en el que uno como público, ya sin objetividad, dice “¡qué temazo!”. Me vienen a la mente los músicos del afrobeat, Fela Kuti, Ebo Taylor, mientras mis pies se mueven por inercia (tengan en cuenta que soy una de las personas con menos ritmo para el baile en este país, siendo generoso conmigo). Luego de esta oda a la fiesta, Tabeira presenta a Luis Agudo, una persona con un curriculum musical que en cualquier país del mundo llevaría el nombre de una calle o plaza, como mínimo para que tenga un reconocimiento. Luis, muy simpático se para y dice: “este viejo y querido amigo” y señala el berimbao. A continuación lo ejecuta y canta en portugués.

Para cerrar el ESPECTACULO (con merecidas mayúsculas) Pepi Tabeira dice que van a  hacer un tema de John Coltrane: “que nos disculpe si tiene forma de escucharnos”. Así se despachan con una versión argentinísima como ellos mismos la definen de Dahomey dance.

Día de fiesta, la comparsa Manoahi, el quinteto de Lera/Rivara, el Trío Promedio.

En la Plaza Martin de la Saletta incitó al público a bailar y nos prometió una nueva jornada festiva. Hasta el momento viene cumpliendo.

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