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Conan el Bárbaro

Título original: Conan: The barbarian
Origen: USA
Director: Marcus Nispel
Guión: Thomas Dean Donnelly
Reparto: Jason Momoa,Rose McGowan, Ron Perlman, Stephen Lang, Rachel Nichols
Fotografía: Thomas Kloss
Montaje: Ken Blackwell
Música: Tyler Bates
Duración: 113 minutos

Año: 2011


4 puntos


Esforzada pero torpe

Por Rodrigo Seijas

Es factible comparar a Conan: el bárbaro con otro estreno reciente, el de Identidad secreta, bodrio de “acción” protagonizado por Taylor Lautner, serio candidato a consagrarse como uno de los peores filmes del año. Ambas películas son como los equipos de fútbol mediocres, pero de distintas formas.

La cinta de John Singleton es como esos conjuntos cobardes, que se tiran para atrás, apostando a no perder en vez de ganar, a la vez que especulan con lo que pueda hacer algún grandote goleador y/o habilidoso en la delantera. Encima esto no les sale, terminan siempre perdiendo y hasta tienen un técnico hipócrita que luego sale a decir en conferencia de prensa que no merecieron perder.

En cambio, el filme de Marcus Nispel es como esos equipos sin ideas claras, donde todos los jugadores andan corriendo detrás de la pelota sin tener mucha noción de qué hacer y limitándose, cuando tienen el balón en su poder, a enviar centros al área rival, tanto a los que miden 1,90 como a los que miden 1,65. El resultado es muy parecido al anterior, pero uno nota que los jugadores transpiran la camiseta, que se juegan enteros, aunque claro, les siguen pintando la cara porque pareciera que nunca jugaron al fútbol.

Es que Conan: el bárbaro hace una jugada muy arriesgada desde el principio, tratando de reciclar tanto la mitología de los relatos pulp creados por Robert E. Howard, como el espíritu ochentoso de las películas protagonizadas por Arnold Schwarzenegger. Cada vertiente tiene sus fanáticos, sus reglas particulares, sus influencias e impacto culturales. Pero allí va esta remake, poniendo toda la carne al asador, con muchas batallas, peleas, explosiones, efectos especiales, locaciones de todo tipo, sangre a borbotones, sexo (¡Rachel Nichols aparece desnuda! ¡Venga toda la muchachada!) y la voluntad de crear un mundo autónomo, aunque con múltiples referencias a la vez.

Pero la verdad de la milanesa es que fracasa fuertemente, porque nunca configura apropiadamente los personajes, no establece conflictos fuertes, la trama avanza a los tropezones, el relato se estira demasiado y todo da una sensación de deja vú, de avejentado y hasta bastante inútil. Es cierto que aparece por ahí algún que otro toque de humor oportuno, alguna escena de acción bien filmada (¡en Identidad secreta no hay ni una decente!), un par de personajes simpáticos. Aún así, nunca se aprecia un universo atractivo, lo que lleva a pensar que evidentemente faltó un realizador con talento y visión, y no alguien como Nispel, que hasta ahora sólo ha conseguido despegar un poco de la mediocridad en La masacre de Texas.

Sí, podríamos decir que Conan: el bárbaro suda la camiseta, le pone todas las pilas, no es cómoda, va para adelante y no le tiene miedo al fracaso. Pero también recordar el caso de los inicios en Racing de un delantero, muy destacado actualmente, del cual no diremos su nombre, pero cuyas iniciales son DIEGO MILITO. En esos tiempos, el muchacho no le metía ni un gol al arcoíris, y cuando los hinchas más jóvenes lo defendíamos, destacando su esfuerzo, los más viejos contestaban “sí, corre mucho, transpira la camiseta, paga los impuestos y le pasa plata a la vieja, pero meter goles, no mete”. Bueno, algo parecido sucede con Conan: el bárbaro: hace todo lo posible, pero entretener, no entretiene.

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