Título original: Disclosure Day // Origen: EE.UU. // Dirección: Steven Spielberg // Guión: David Koepp, Steven Spielberg // Intérpretes: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Henry Lloyd-Hughes, Elizabeth Marvel, Hettienne Park, Tommy Martinez, Gabby Beans // Fotografía: Janusz Kaminski // Montaje: Sarah Broshar // Música: John Williams // Duración: 145 minutos // Año: 2026 //
8 puntos
UN ACTO DE FE
Por Mex Faliero
Cada vez que veo Terminator 2 pienso en cómo las imágenes dejaron de sorprendernos, básicamente porque sabemos que cualquier imagen puede ser creada ya. En su momento, la película de James Cameron impactó en parte por el nivel de novedad que contenía cada fotograma, y si se sostiene en el presente es gracias al talento del director como narrador (es fácilmente una de las películas más perfectas jamás hechas) que la vuelve efectiva a pesar de que a esta altura se le puedan ver los hilos a algunos trucos. Mientras miraba Día de la revelación, pensaba en eso mismo. Y no porque la nueva película de Steven Spielberg invente nada desde lo visual o tecnológico, sino porque tiene el buen tino de preguntarse cosas sobre lo inusitado, sobre lo nunca visto y sobre cómo llega a impactar en las personas una verdad desconocida. Y lo hace de manera deliberada, ya que el último acto de la película es básicamente gente mirando cosas y sorprendiéndose, algo que de alguna manera se transmite al espectador que termina azorado (incluso emocionado) con las imágenes que surgen de la pantalla. Spielberg construye, por tanto, una película que podemos disfrutar por su superficie genérica de ciencia ficción y extraterrestres, pero también podemos ir más allá y descubrir cómo para el director la sorpresa aquí no es tanto un fin en sí mismo como un punto de partida, uno que vuelve varios pasos sobre su filmografía y que piensa otra vez a la infancia como ese momento en el que todo se construye.
Por la relación de Spielberg con los extraterrestres es fácil imaginar El día de la revelación como una suerte de recopilación que el propio director hace de su cine, de Encuentros cercanos del tercer tipo a Guerra de los mundos, pasando por ET o Inteligencia Artificial. Sin embargo, si El día de la revelación dialoga con alguna película suya es con The Post, porque no deja de ser una película sobre la verdad, sobre la verdad como herramienta pero también como objetivo a perseguir. Es la búsqueda de la verdad, a través de lo inusitado, tal vez uno de los grandes temas del cine del director; la verdad desde un sentido ontológico pero también moral. La verdad, que en El día de la revelación tiene un peso y podría generar consecuencias. La diferencia entre héroes y villanos es, por lo tanto, la que existe entre los que se arrogan el derecho a revelar y los que se arrogan el derecho a proteger. De manera inteligente, la película juega con la especulación sobre qué pasaría con el mundo, la humanidad y las religiones si determinada verdad se conociera, pero decide cortar en el preciso momento en que esas consecuencias comienzan a rodar. Deposita entonces en el espectador la duda y en su albedrío la resolución al gran conflicto. Spielberg vuelve a dejar en claro que es un hombre de fe, de fe en el relato y en el espectador, incluso a riesgo de ser tildado de ingenuo. Y en estos tiempos, de cinismo y ramplonería, es una posición de una nobleza que no se consigue.
Como decía, podemos disfrutar de la película por su mera superficie, por la sabiduría narrativa del maestro para llevarnos de las narices por un relato que nunca se detiene, que avanza entre el misterio y la acción. Spielberg recupera el pulso perdido entre tanto cine revisionista y se pone en abismo con tal vez el mejor Spielberg, aquel de la primera década de este siglo, el de Guerra de los mundos, Minority report, Atrápame si puedes o Inteligencia artificial; el que tiene la habilidad para jugar al cine de género sin dejar de pensar cada película dentro de un cuerpo de obra gigantesco. Y es tan divertido pensar en cómo El día de la revelación se monta sobre otras películas suyas, de la misma manera que es divertido la forma en que integra fe religiosa, cuentos de hadas y ciencia ficción para resumirlos a un concepto: el cine como ente que tiene la capacidad de construir dioses, héroes y estrellas. Con esa luz de Janusz Kaminski que se abalanza desde el fondo como si fuera un proyector de cine, con las constantes referencias que hacen los personajes al hecho de ir hacia la luz, con la construcción de una casa como si fuera un set cinematográfico y la utilización de la mirada y el ojo como elementos fundamentales del relato.
Y vale también señalar que entre tanta solemnidad y grandilocuencia que convocan los temas de El día de la revelación, Spielberg se permite momentos de humor y una despreocupación general por explicar cosas. Y al igual que en Inteligencia Artificial (tal vez su película más perfectamente imperfecta) se arroja a un último acto que no tiene miedo al ridículo ni a encasillamientos fáciles. Es ahí donde Spielberg termina de demostrar su confianza eterna en la humanidad y en la bondad de las personas sobre todo mal, a riesgo de que lo sigan tildando de sensiblero o naif. Pero también donde exige a su manera que las instituciones respondan a un imaginario determinado, ese que citado en The Post decía que por ejemplo el periodismo debe “servir a los gobernados, no a los gobernantes”. Por lo tanto, para nada ingenuamente sitúa las acciones finales de El día de la revelación en el set de un canal de televisión. Sobre ese idealismo Spielberg construye un último acto donde se desprecia un poco el orden narrativo en favor de la edificación de sentido. Que a esta altura de su carrera Spielberg siga confiando en el cine y en la capacidad de los espectadores por sorprenderse con cada imagen como si fuéramos niños (y el final es realmente asombroso y emocionante), es un acto de fe del que no muchos son capaces.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

