Título original: Masters of the Universe // Origen: EE.UU. // Dirección: Travis Knight // Guión: Chris Butler, Aaron Nee, Adam Nee, Dave Callaham // Intérpretes: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Idris Elba, Jared Leto, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Jon Xue Zhang, Alison Brie, Sam C. Wilson, Charlotte Riley, James Purefoy // Fotografía: Fabian Wagner // Montaje: Paul Rubell // Música: Daniel Pemberton // Duración: 140 minutos // Año: 2026 //
6 puntos
TODOS LOS HE-MAN, EL HE-MAN
Por Mex Faliero
A Travis Knight lo tenemos del cine animado y las producciones de Laika, y también de experiencias similares a la de Amos del Universo como Bumblebee, donde de la misma manera se trataba de llevar a la narración en acción real un concepto construido en el dibujo animado y los muñecos articulados. Un poco sobre esa base, la de la experiencia lúdica de jugar a jugar con los materiales que se tienen entre manos, el director apuesta aquí por una aventura sin demasiadas preocupaciones, utilizando el lore original y adosándole una buena dosis de autoconciencia que tiene que ver con muchos de los elementos que se fueron sumando a la mística de He-Man a lo largo de todos estos años. Por ejemplo hay una secuencia de acción musicalizada con el hitazo noventoso What’s up? de la banda 4 Non Blondes como en aquella versión queer que brilló en YouTube hace varios años, en la que el príncipe Adam cantaba el tema entre un fondo de arcoíris y chispas que caían del cielo. Si la autoconciencia pop puede ser una herramienta peligrosa, aquí se integra de manera natural con el material de base porque de alguna manera esas intervenciones han servicio para mantener vivo el personaje y darle nuevas capas de sentido. En todo caso es una aceptación y agradecimiento. Es como si Knight quisiera abrazar aquí a todos los He-Man posibles.
Si sobre He-Man y los Amos del Universo se ha dicho desde siempre que estaba inspirado un poco demasiado peligrosamente en las aventuras de Conan, el bárbaro, el prólogo de esta película calca casi descaradamente el prólogo de Superman: es aquí el pequeño Adam el que, ante la amenaza de los villanos (Skeletor, en la actuación más divertida de Jared Leto en toda su carrera) en su planeta, es enviado por una suerte de portal mágico para que aterrice en la Tierra, se críe entre desconocidos y, tal vez, si algún día surge, vuelva a su lugar de nacimiento. Con esto, decir que Amos del Universo pretende construir un poco forzadamente el conflicto psicológico de Adam como el joven sin origen que tiene que decidir a dónde pertenece. Forzadamente, digo, porque nunca eso funciona como conflicto o tiene el peso suficiente como para serlo, y se expresa mejor en las secuencias donde la acción y la comedia dan cuenta de la torpeza del personaje. Amos del Universo es, a la manera de los viejos films de superhéroes, una aventura sobre descubrir los propios poderes.
Muchos años pasaron para que esta película llegara finalmente a la pantalla, entre proyectos que se truncaban o ni llegaban a nacer. Pero Travis Knight, no sin algo de torpeza (es su film más flojo, tras Kubo y la búsqueda samurái y la citada Bumblebee), consigue no solo sostener un relato que, aunque demasiado extenso, avanza como una aventura atendible, divertida, clara en sus intenciones, a la vez que logra una acertada recreación de los personajes y del universo, como para calmar a los fanáticos, aunque se reserve algunos personajes fundamentales para una próxima historia en una decisión más que valiente. Entre el sentido de la aventura y la necesidad de cubrir la cuota de fetichismo, más cierto apuro en sentar las bases de un universo que constituya una franquicia, Amos del Universo es una película que se termina definiendo en sus formas, en un digital grosero que emula la tosquedad de los dibujos originales, en un uso de los colores que contribuye a generar un espíritu kitsch cercano a las relecturas que se han hecho y una musicalización que desarma clásicos como Boys don’t cry utilizándolo como mantra generacional, acumula guiños pop y nos lleva a volar por un hard rock ochentoso que suda con las cuerdas de Brian May. Más que lo que cuenta, lo que sostiene a Amos del Universo es la forma en que decide contarlo, donde aparecen algunas capas de sentido y donde se acepta, incluso, en el ridículo. ¿Parece poco? ¿Acaso no vieron la película del 87?
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