–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Se puede pensar a The Madison, lo nuevo de Taylor Sheridan (que escribe todos los capítulos, que a su vez son todos dirigidos por Christina Alexandra Voros, habitual colaboradora suya), como su obra televisiva más ambiciosa hasta el momento y hasta como la más orientada a buscar galardones. Pero, al mismo tiempo, se la puede ver como todo lo contrario: un relato íntimo y concentrado, que explora temas universales y a la vez incómodos, de esos sobre los que nos cuesta hablar, y que encima lo hace sin importarle demasiado el qué dirán. Por algo la recepción de la crítica estadounidense fue algo fría, confirmando que Sheridan habla en un idioma no solo estético, sino también ideológico, que les escapa. El relato se estructura como una saga familiar y a la vez como la historia de un matrimonio, que se va configurando a partir de una pérdida: la de Preston Clyburn (Kurt Russell), la cabeza de una acaudalada familia asentada en Nueva York, quien muere en un accidente de avión junto a su hermano, Paul (Matthew Fox). La noticia provoca un cimbronazo devastador en su esposa, Stacy (Michelle Pfeiffer), quien viajará con sus hijas y nietas a la zona rural de Montana, en el territorio atravesado por el río Madison, que es donde ocurrió la tragedia, pero también el lugar donde cada cierto tiempo viajaba Preston. No solo para visitar a Paul, quien residía allí, sino también abrazar otro tipo de existencia y de identidad opuestas a las que tenía en la Gran Manzana. Es ahí donde iniciará otro viaje para Stacy: uno de duelo, de despedida, que se enlazará con otro de descubrimiento de quién era, pensaba y hacía Paul, lo que la obligará a repensarse a sí misma como esposa, madre y mujer. Ese proceso también arrastrará a sus hijas: la mayor, Abigail (Beau Garrett), madre divorciada que nunca ha encontrado un propósito para sí misma; y la menor, Paige (Elle Chapman), que parece tener una vida más ordenada, pero que es a la vez la eterna malcriada de la familia. Esa reconfiguración que se va dando en los personajes Sheridan la construye inicialmente desde el choque cultural, con unos cuantos apuntes cómicos, entre los bichos de ciudad y la vida rural, que son polos opuestos, lo que supondrá un aprendizaje no exento de altibajos. Pero la serie no se queda ahí, sino que indaga en los distintos matices -no etapas- del dolor, incluso adentrándose en las cuestiones burocráticas que se deben afrontar: la secuencia del reconocimiento de los cuerpos en el primer episodio y todo el pasaje del entierro en el quinto son ejemplos puntuales de esto. Sin embargo, lo que distingue a The Madison como drama familiar sobre las tragedias y los duelos es el papel preponderante que se le da al paisaje. No se trata solo de que la serie tiene planos generales y de conjunto bellísimos y subyugantes, que prácticamente meten al espectador en las montañas, bosques y vías de agua de Montana. Es que esa excelencia estética va de la mano con una exploración de cómo esa naturaleza desafiante construye identidades y formas de vida, que se van delineando a partir de rituales y modos de entender el entorno. Por caso, el acto de pescar -actividad que a quien escribe le aburre soberanamente-, explorado y retratado incansablemente en cada capítulo, pasa a convertirse en una declaración de principios sobre cómo las acciones definen a los individuos. Sheridan muestra con sabiduría que, incluso en las relaciones de pareja más armoniosas -Preston y Stacy tienen un vínculo idílico y terrenal a la vez-, hay secretos o por lo menos cosas que no se dicen de manera directa, espacios compartimentados entre una persona y otra, y que eso no está necesariamente mal. Y que, frente a lo trágico, no hay reacciones lineales o un manual de instrucciones, sino personas que hacen lo que pueden con lo que tienen a mano: de hecho, el título del último de esta primera temporada, I give me permission (“me doy permiso”) -que es en un punto el saldo reflexivo del vínculo casi hilarante que Stacy establece con un psicólogo interpretado por Will Arnett- es todo un indicador al respecto. Aunque no hay que olvidar que, para una narración que establece varios idas y vueltas entre el pasado y el presente, la ruralidad de Montana y el urbanismo de Nueva York, The Madison encuentra los intérpretes ideales: Russell está particularmente perfecto como ese tipo que ama a su familia y al mismo tiempo está esperando ansioso que llegue el momento para escaparse a Montana; pero Pfeiffer, como esa mujer que procesa su mezcla de sentimientos demoledores como puede, encuentra aquí el que quizás sea el papel de su vida, en una actuación superlativa. El final de esta primera entrega clausura una etapa inicial del duelo y a la vez abre otra, para la cual las expectativas son altas.
-Los seis episodios de la primera temporada de The Madison están disponibles en Paramount+. Ya está confirmada una segunda temporada.
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