Por Mex Faliero
Si bien al cine nacional le cuesta históricamente convocar al público, más allá de un par de películas por año que lograban esa alquimia de la taquilla (de hecho una de las últimas películas en pasar los dos millones de espectadores en las salas del país fue El robo del siglo de Ariel Winograd), lo que ha sucedido progresivamente desde el comienzo de la pandemia es un poco alarmante: de marzo de 2020 al presente solo una película vendió por encima de las 50.000 entradas. Muy pobre para una cinematografía que se pretende industria. La cifra puede ser comprensible si entendemos que las ventas cayeron de manera general, con solo algunos tanques de Hollywood estando en su media habitual, y si le sumamos que en estos dos años la cinematografía nacional ofreció muy pocas de esas películas que se pretenden para el gran público. Ahora bien, en un análisis un poco más fino, que es el que hacen algunos especialistas en taquilla, hay un problema que no muchos dicen en voz alta, como si de esa forma el problema no existiera. El inconveniente es este: el espectador que forma el grueso del cine argentino taquillero, ese que está entre los 40 y los 60 años, no es el que ha vuelto masivamente al cine. Sí lo han hecho los adolescentes y el sector de adultos entre los 20 y los 40, pero ese raramente consuma cine nacional. El resultado de eso son las cifras de taquilla, no hay mayor secreto: el cine que consume generalmente ese sector etario es el que se ha instalado en los primeros puestos, superhéroes, aventuras… ¡superhéroes! Y muy poco cine para un público adulto o adulto-mayor ha superado los 100.000 espectadores. Hoy se arregla el mundo, de Ariel Winograd y con Leonardo Sbaraglia, es tal vez el primer estreno nacional en dos años con ínfulas de masividad. En 10 días lleva vendidas casi 40.000 entradas. La expectativa como para salvar la ropa era 150.000. Salvo un milagro, no llegará a esa cifra. Y es hoy por hoy casi uno de los pocos productos vendibles que ofrece el cine argentino. El problema es que lo que se ofrece es para un público que no parece haber vuelto al cine en este estado de pandemia indefinida. Casualmente la película argentina más vista en dos años, Cato, cortó 63.052 entradas, está protagonizada por el cantante y rapero Tiago PZK. Un producto diseñado para el público que sí está yendo al cine. La duda que queda es cuándo regresarán todos los públicos, si el final de la pandemia motivará el regreso de esos espectadores. O si por el contrario ese público no vuelve nunca más y se quedará en la comodidad del hogar disfrutando la plataforma que sea. ¿Será 2022 otro año perdido para el cine argentino? Si ese público se demora en volver… ¿cuántas chances tienen las películas nacionales de encontrar cifras decorosas de convocatoria? Es difícil saberlo, y también un poco angustiante.
