Título original: Astronaut
Origen: Canadá
Dirección: Shelagh McLeod
Guión: Shelagh McLeod
Intérpretes: Richard Dreyfuss, Lyriq Bent, Colm Feore, Krista Bridges, Art Hindle, Richie Lawrence, Graham Greene, Jennifer Phipps, Joan Gregson, Mimi Kuzyk, Karen LeBlanc, Colin Mochrie, Lori Hallier
Fotografía: Scott McClellan
Montaje: Tiffany Beaudin
Música: Virginia Kilbertus
Duración: 97 minutos
Año: 2019
5 puntos
EL ASTRONAUTA RICHARD DREYFUSS
Por Marcos Ojea
Quizás la comparación no sea del todo correcta, pero Un sueño extraordinario me hizo acordar a las películas de Hallmark que veía con mi abuela allá por los 2000. Hay algo que remite de manera inevitable a otra época, pero también a otro formato: las películas hechas para televisión. Un concepto que cambió a partir del streaming, aunque en realidad no cambió tanto: ahora conviven en la pantalla del hogar producciones ambiciosas, sostenidas por directores de prestigio y grandes estrellas, con otras más modestas, hechas en serie para engordar el catálogo, y en el fondo casi todas comparten un mismo núcleo de fórmulas seguras y miradas complacientes. Pero hablamos de otro momento de la historia, cuando las películas para televisión, y más aún las de canales como Hallmark, compartían ciertos ejes (temáticos y formales, con una narrativa en piloto automático y planos profesionales de escaso vuelo, digamos, artístico), y una vocación de fábrica para la moraleja y los finales felices, incluso a riesgo de llevarse puesto cualquier verosímil. Y en verdad no era algo demasiado molesto, porque el que buscaba historias nobles sin demasiada pretensión, con golpes bajos y emociones de telenovela a flor de piel, encontraba exactamente eso. El que no, simplemente podía desestimarlas como algo menos que cine, y seguir hablando de Godard o de Lynch sin ser por eso una mejor persona. Teniendo en cuenta que estamos en 2021, el caso de Un sueño extraordinario es particular, porque pareciera no hacer acuse de los años transcurridos, y por obra de algunos factores (o de uno solo, que es la actuación de Richard Dreyfuss), tampoco molesta tanto. Es más: si uno se descuida, puede que descubra alguna lágrima rodando por la mejilla.
Lejos de los soliloquios marca Nolan para hablar del espacio y el paso del tiempo, lo que cuenta la película de la directora y guionista Shelagh McLeod es simple, un poco absurdo y sin demasiadas vueltas. Angus Stewart (Dreyfuss) es un ingeniero civil retirado, de 75 años, que luego de la muerte de su esposa vive en la casa de su hija. Pasa las noches mirando las estrellas con su telescopio, y tratando de transmitir algo de su sabiduría a su nieto. En una de esas noches, se entera por el noticiero que un empresario sortea un lugar en el primer vuelo comercial al espacio, y pese al escepticismo inicial (y un poco a causa de la mudanza repentina a un geriátrico), decide anotarse y cumplir su sueño de ser astronauta. Lo que sigue no escapa de lo previsible, con Angus relacionándose con sus compañeros de geriátrico, entablando un vínculo más cercano con Len, un anciano postrado en una silla de ruedas (un Graham Greene viejísimo), y realizando también algunas piruetas legales junto a su nieto y su yerno para poder competir por la vacante en la nave.
Cuando intenta hacer foco en los problemas laborales del yerno, Jim (Lyriq Bent), o en los dilemas de la gesta espacial del empresario Marcus Brown (Colm Feore), la película pierde y se siente recalentada. Cuando la atención está puesta en Angus, las situaciones también son esquemáticas y las reflexiones sobre la vejez bordean la autoayuda, pero la presencia de Richard Dreyfuss aparece salvadora. Hay algo en sus ojos, cristalizados pero firmes, que resulta conmovedor, y quizás tenga que ver con el propio pasado icónico del actor, con su Roy Neary de Encuentros cercanos del tercer tipo o su Hooper de Tiburón. Porque Angus, que no puede evitar desparramar sus conocimientos sin que se lo pidan, es el típico viejo molesto que cualquier empleado quisiera no atender, pero en la piel de Dreyfuss ese personaje irritante se convierte en otra cosa: un abuelo entrañable al que perdonamos porque conocemos lo que le pasa. En sus expresiones transitan mucho mejor los temas que la película no logra poner en pantalla sin ser torpe y obvia. La enfermedad, el fracaso, las obsesiones, la dificultad para comunicarse, las últimas oportunidades, y la muerte sobrevolando todo. Sin el aporte del veterano actor, lo que queda no es mucho más que un film pequeño, fallido y bastante olvidable, pero que se dignifica justamente a través de esa presencia. Una figura noble que es capaz de asimilar los estereotipos que lo rodean, las frases cursis que el guion le hace decir, el verosímil elástico de la historia, y volverlo todo materia cálida y sensible. Un sueño extraordinario está muy lejos de las estrellas, pero tiene a una que, por momentos, la hace brillar más allá de sus limitadas posibilidades.

