Título original: Ídem
Origen: EE.UU.
Dirección: Jeremy Rush
Guión: Jeremy Rush
Intérpretes: Frank Grillo, Caitlin Carmichael, Garret Dillahunt, Wendy Moniz, John Cenatiempo, Slaine, William Xifaras, Shea Whigham, Seth Ayott, Mike Fierro
Fotografía: Juan Miguel Azpiroz
Montaje: Padraic McKinley
Música: Brooke Blair, Will Blair
Duración: 82 minutos
Año: 2017
7 puntos
UNA NOCHE EN LA VIDA
Por Rodrigo Seijas
En buena medida, Wheelman, film original de Netflix, es un experimento formal: la cámara, salvo en un par de casos puntuales, nunca se baja del auto manejado por un conductor (Frank Grillo) de esos encargados de comandar las huidas durante los golpes criminales, y que en un asalto bancario comienza a recibir misteriosas llamadas que alteran los planes, poniéndolo a él y su familia en peligro.
Es con esa decisión que la película alimenta primariamente su tensión, que va escalando a medida que pasan los minutos y la noche va revelándose como una de esas donde todo lo que podría salir mal, sale mal. Pero también con un tono en los diálogos donde la sequedad y dureza de los cruces entre el protagonista y las personas con las que habla –por teléfono o cara a cara- muestran una óptima capacidad para comprender los códigos, lealtades y traiciones del universo criminal y/o mafioso. A eso, Wheelman le suma un tratamiento en el ritmo y cierto coqueteo estético –desde los mismísimos créditos de apertura- con el cine policial de los setenta, con la violencia surgiendo de manera puntual pero impactante, y las calles de la ciudad transformándose en un personaje más.
La ópera prima de Jeremy Rush por suerte no se regodea en la experimentación estética y las referencias genéricas, sino que busca narrar una historia pequeña, ese viaje de supervivencia pero también moral de ese conductor que se ve metido de improviso en un golpe aparentemente rutinario pero donde hay en juego diversos intereses de grupos mafiosos, y que en el medio deberá lidiar con múltiples tensiones familiares. Para eso cuenta con la ayuda inestimable de Grillo, un gran actor, sumamente experimentado, que trabaja su presencia desde el cuerpo y la medida gestualidad de su rostro, y que siempre encuentra un adecuado tono interpretativo.
Como casi todas las películas que son esencialmente pura premisa, a Wheelman le cuesta encontrar una resolución totalmente satisfactoria en los minutos finales, cuando debe acomodar todas las piezas que componen el relato. Aún así, gana cuando lleva a confluir apropiadamente lo delictivo (que es también lo laboral y profesional) con lo afectivo, cuando construye a su protagonista no solo como un criminal, sino también como un padre buscando reparar el vínculo con su hija. El plano final, focalizado en el punto de vista y el poder expresivo de la mirada, es sumamente representativo de ese balance. Hay noches que son resúmenes de una vida entera. Wheelman transmite ese mensaje sin necesidad de grandes discursos, solo desde la acción, y ese es un mérito más que relevante.

