–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Ya está confirmada una cuarta (y última) temporada, pero El agente nocturno podría haber terminado con esta tercera entrega y no hubiera estado mal, básicamente porque el conflicto moral que aquejaba a su protagonista parece quedar resuelto. Es que el final de la segunda temporada dejaba a Peter Sutherland (Gabriel Basso) un poco entre la espada y la pared, extorsionado por un lobista y traficante de armas (Louis Herthum) y al mismo tiempo procurando realizar un trabajo de infiltrado para dilucidar la identidad y objetivos de ese sujeto, que parece tener ojos y oídos en todas partes. Sin embargo, como en las temporadas previas, una sucesión de eventos de diversa gravedad pone en alerta a Acción Nocturna y a la mismísima Casa Blanca, con una conspiración cuyas ramificaciones se van ampliando progresivamente. En el medio de todo el asunto quedará metido un operador de sistemas (Suraj Sharma) y una periodista de finanzas (Genesis Rodriguez), con los que Peter entablará un vínculo circunstancial de colaboración y protección a medida que los peligros y enigmas se multiplican. A la vez, deberá trabajar en conjunto con un veterano agente (David Lyons) con un pasado difuso y que se mueve por el territorio con tanta convicción como profesionalismo. Eventualmente, irá quedando claro que el que se suponía que era el antagonista principal es solo otra pieza en el rompecabezas y que los verdaderos villanos están bastante más arriba. Hay que decir que los primeros capítulos son posiblemente los más atractivos, en buena medida porque pasan un montón de cosas cuyo hilo conductor no está claro, lo que produce un desconcierto productivo, que hace avanzar la narración sin muchos problemas. Más aún porque el personaje de Rodriguez interpela a Peter por partida doble, no solo porque le recuerda a ese amor al que tuvo que renunciar, sino también por el conflicto paterno-filial que la aqueja. Sin embargo, cuando debe entrar en la recta final y llegar al momento de las revelaciones, El agente nocturno cae en algunos de sus defectos habituales: ciertos giros supuestamente astutos pero finalmente previsibles, decisiones con personajes clave que son un poco arbitrarias y momentos donde se pasa de solemnidad. Aún así, se las arregla para ratificar sus virtudes: un ritmo endiablado y consistente, secuencias de acción más que correctas, una apuesta a la tensión permanente y sin concesiones. Y claro, un protagonista al que es difícil no querer: Sutherland es un joven incansable e idealista, que es juzgado principalmente por sí mismo y que en base a eso siempre va para adelante. Obviamente, queda al borde de ser el chivo expiatorio de los poderosos, pero, héroe estadounidense como es, triunfa no tanto por su capacidad, sino por cómo se planta de forma honesta frente a un mundo de mentiras y manipulaciones. Por eso la recompensa que obtiene al cierre de la temporada es lógica y justa, y da para preguntarse qué más tiene para contar la serie. Ojalá que sea una oportunidad para que El agente nocturno ajuste algunos detalles narrativos y le permita a Sutherland tener una última aventura sin fisuras.
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