Título original: The Drama // Origen: EE.UU. // Dirección: Kristoffer Borgli // Guión: Kristoffer Borgli // Intérpretes: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie, Hailey Gates, Sydney Lemmon, Hannah Gross, Anna Baryshnikov, Jordyn Curet, Michael Abbott Jr., Zoë Winters, Dee Nelson, Damon Gupton, Ken Cheeseman, Doria Bramante, Jordan Raf, Jeremy Levick, Celia Rowlson-Hall // Fotografía: Arseni Khachaturan // Edición: Kristoffer Borgli, Joshua Raymond Lee // Música: Daniel Pemberton // Duración: 105 minutos // Año: 2026
3 puntos
LA PAVADA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Hay que reconocerle a A24 que se ha transformado rápidamente en el nuevo Miramax: el estudio que es la referencia absoluta dentro del ámbito independiente, a tal punto que es casi una marca autoral en sí mismo y capaz de marcar tendencias que son seguidas por amplios sectores del público y la crítica, incluso cuando van de la mano de varias películas sobrevaloradas. También hay que reconocerles a Zendaya y Robert Pattinson que, con vaivenes lógicos, han sabido construir carreras relevantes, en las que han conseguido enlazar la masividad con un puñado de obras interesantes. En especial Pattinson, que superó el encasillamiento que podría haberle ocasionado una saga nefasta como la de Crepúsculo. Pero reconocer esto no habilita dar por sentado o aplaudir cualquier cosa.
Porque El drama es, en verdad, una pavada absoluta, una pérdida de tiempo y un film absolutamente descartable. Una muestra de cómo muchas veces A24 patrocina productos inflados, a los que publicita astutamente como experiencias renovadoras cuando en realidad son huecas y cínicas. Y de cómo actores como Zendaya y Pattinson se convierten en figuras al servicio de una operación de marketing completamente alejada de lo cinematográfico. La película de Kristoffer Borgli es precisamente eso: una premisa (algo) provocadora, la promesa de una relectura canchera de ciertos géneros y narrativas, los rostros de sus protagonistas prometiéndonos algo de lo que podremos presumir cuando lo veamos (¡vi la peli con Zendaya y Pattinson en la que se van a casar y todo termina en quilombo!). detrás de eso, la nada misma.
Ya el punto de partida revela la voluntad de provocar, pero también la cobardía de la película: Emma (Zendaya) y Charlie (Pattinson) está a punto de casarse, pero el trayecto estresante y feliz a la vez se altera por completo luego de una charla con Mike (Mamoudou Athie) y Rachel (Alana Haim), una pareja amiga. El contexto de esa conversación es clave: con las copas de vino llenándose y vaciándose a alta velocidad, en un momento aceptan, cada uno de los cuatro, contar qué fue lo peor que hicieron en sus vidas. Algunas cosas que se cuentan son vergonzosas, otras un poquito horribles, pero todo va bien, todos son comprensivos, la situación es relajada hasta que le toca a Emma, que confiesa que, cuando era adolescente, pensó y hasta planificó cometer un acto terrible, que sería imperdonable, aunque finalmente nunca pasó a los hechos y siguió con su vida. Claro, eso que pensó se relaciona con un tema complejo y doloroso que viene atravesando a la sociedad norteamericana desde hace décadas y que parece irresoluble. Pero repetimos: pensó, no hizo algo terrible, durante su adolescencia, momento conflictivo de la vida si los hay -¿qué adolescente no hizo o pensó cosas horribles?- y lo dice frente a gente que efectivamente hizo cosas, no es que las pensó. Esto, que en cualquier tipo de relación debería dar lugar a lo sumo a un conflicto menor -porque encima es totalmente lógico que alguien mantenga en secreto algo que lo avergüenza-, es el disparador para una crisis creciente en la pareja de Emma y Charlie, que se retroalimentará con otras decisiones de los personajes que son dignos de una telenovela barata.
En El drama, la contradicción es una constante: se habla y se juzga un pensamiento, pero no de una acción, porque el objetivo es arrojar elucubraciones o imágenes provocativas sobre un tópico espinoso, aunque sin pisar el acelerador a fondo, porque no sea cosa de incomodar de verdad. Del mismo modo, se tiran apuntes sobre un presente en el que todos levantan el dedo juzgador fácilmente y sin pensar con un mínimo de profundidad, pero a la vez todo lo que se asevera es entre banal y superficial. Y si por momentos la película la quiere jugar de comedia negra e irónica, en otros construye de la nada imágenes shockeantes, casi perturbadoras, mientras coloca a los protagonistas (en especial al pobre Pattinson, que la liga en exceso) en situaciones antojadizas solo para que la pasen mal. En el medio, somete a algunos personajes -en particular el de Rachel, que es impresentable- a que tengan actitudes arbitrarias y miserables, con el objetivo único de que al espectador no le quede otra que despreciarlos. Y ni hablar de la puesta en escena, con un montaje que va y viene en el tiempo para exhibir una astucia que no es tal, porque finalmente lo que hace es explicar todo lo que pudo no haber quedado claro.
Como Barbie -otro film marketinero e insustancial, que dice todo y a la vez nada sobre el mundo-, El drama es un producto de su época: histérico y manipulador, que avanza en base a arbitrariedades y que, cuando las papas queman, hace la fácil. En eso, el final es ejemplar: un lavarse las manos enorme, un borrón y cuenta nueva digno de la dupla conformada por Adrián Suar y Marcos Carnevale. Pero bueno, parece que este es el cine de moda, el que genera discusiones relevantes, el que hay que pensar y analizar. ¿Pensar qué?
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