Título original: Good luck, have fun, don´t die // Origen: Alemania / EE.UU. // Dirección: Gore Verbinski // Guión: Matthew Robinson // Intérpretes: Sam Rockwell, Juno Temple, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chaudhry, Tom Taylor, Georgia Goodman, Artie Wilkinson-Hunt, Riccardo Drayton, Dominique Maher, Adam Burton, Elly Condron // Fotografía: James Whitaker // Edición: Craig Wood // Música: Geoff Zanelli // Duración: 134 minutos // Año: 2025
6 puntos
EL QUIJOTE VERBINSKI
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Carrera extraña la de Gore Verbinski: un subibaja casi constante, en el que atravesó múltiples géneros desde sus comienzos -¿cuán parecidas son entre sí Un ratoncito duro de cazar, La mexicana y La llamada?-, que tuvo una cumbre de masividad y hasta prestigio con la saga de Piratas del Caribe y Rango, y que después entró en caída libre con los fracasos rotundos (y totalmente injusto en el primer caso) de El llanero solitario y La cura siniestra. Con estas últimas dos películas se notaba una voluntad casi quijotesca de ir a contramano de lo que Hollywood, tanto en sus esquemas de producción como en su construcción de audiencias, busca y quiere. Y esto se prolonga en Buena suerte, diviértete, no mueras (su retorno al cine tras casi una década), otro fracaso anunciado, otro film interesante y a la vez desconcertante, pero sin público a la vista.
Ya el arranque de Buena suerte, diviértete, no mueras es un sacudón considerable, con el arribo violento y ruidoso de un hombre (Sam Rockwell en plan Sam Rockwell, o sea, totalmente desatado) a una cafetería común y corriente de Los Ángeles. El tipo parece un vagabundo salido de una película de Terry Gilliam, afirma que viene de un futuro apocalíptico y todos lo miran como lo que parece -es decir, un desquiciado-, pero se las arregla para reclutar a un grupo de individuos para emprender una misión cuyo objetivo es salvar al mundo de una inteligencia artificial maligna. Sin embargo, como él mismo afirma, no es la primera vez que ha estado ahí y en esa situación: ya ha arribado a esa misma cafetería para juntar a un grupo de gente que lo ayude y siempre la misión ha terminado fallando, porque el fondo del asunto es reclutar a la combinación correcta de sujetos para cumplir con la meta.
Si ya esos primeros minutos nos hacen sentirnos identificados con los clientes de esa cafetería, el desconcierto se prolonga durante buena parte del film, no solo porque la película adopta el carácter lunático del personaje de Rockwell, sino también porque el relato indaga en las historias previas de sus acompañantes, pero no tanto para aclarar el panorama como para enrarecerlo. Buena suerte, diviértete, no mueras se constituye así en varias películas a la vez, que conviven y chocan entre sí, un poco como ese grupo improvisado de protagonistas que apenas si se conocen entre sí y que tienen que aprender a sobrevivir sobre la marcha. Hay tramos que se parecen a La invasión de los usurpadores de cuerpos, otros a Brazil -otra vez Gilliam-, otros a Terminator y hasta sobrevuelan en distintos pasajes la comedia física, la tragedia romántica y el drama materno-filial. Es como si Verbinski, después de tanto tiempo sin poder filmar, nos quisiera contar un montón de cosas, a las cuales encapsula dentro de una especie de fábula distópica que es una versión apenas retorcida de nuestro presente.
Todo esto es quizás demasiado -de hecho, las dos horas y cuarto de metraje son un poco excesivas-, aunque el gran problema de Buena suerte, diviértete, no mueras aparece en su media hora final. No en el imaginario lunático que construye sin un sentido específico, pero también sin culpa -hay una escena con un gato gigante y deforme que es un delirio muy divertido-, sino en algunas explicaciones que pretenden darle estabilidad y consistencia a la narración, pero solo sirven para hacerla caer en la obviedad. Ahí es donde da la impresión de que Verbinski hace lo que suele pedir el espectador del presente -que le den todo masticado, pero sin dejar de hacerlo sentir inteligente, porque se formó con el cine de los Christopher Nolan y Denis Villeneuve-, lo cual entra en contradicción con parte del mensaje de la película. Igual eso no le quita un carácter inquietante y revulsivo a un film que arroja un montón de ideas al espectador y que se las arregla para ser mucho más estimulante que la media del cine dominante. Ojalá Verbinski no tenga que esperar otra década para volver a los cines.
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