Título original: Ella McCay // Origen: EE.UU. // Dirección: James L. Brooks // Guión: James L. Brooks // Intérpretes: Emma Mackey, Jamie Lee Curtis, Albert Brooks, Spike Fearn, Woody Harrelson, Rebecca Hall, Ayo Edebiri, Kumail Nanjiani, Jack Lowden, Julie Kavner, Joey Brooks, Tracey Ullman, Becky Ann Baker, Kathleen Choe // Fotografía: Robert Elswit // Edición: Tracey Wadmore-Smith // Música: Hans Zimmer // Duración: 115 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Disney+
6 puntos
JAMES L. BROOKS, ORGULLOSAMENTE IMPERFECTO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El caso de James L. Brooks es bastante particular: si entre los ochenta y noventa fue un referente ineludible dentro de Hollywood, capaz de entregar películas tan exitosas como premiadas -con La fuerza del cariño y Mejor…imposible como máximos exponentes-, el nuevo milenio lo muestra relegado a ser tan solo “productor de Los Simpson”. Espanglish -que convengamos, era muy floja-, al igual que ¿Cómo saber si es amor? -que era muy buena y fue injustamente maltratada- fueron estruendosos fracasos de taquilla y crítica, y Ella McCay: imperfectamente perfecta, su más reciente película (estrenada quince años después de su predecesora), fue por la misma senda. A tal punto que, luego de un paupérrimo lanzamiento en Estados Unidos, se decidió suspender su estreno en casi todo el resto del mundo, relegándola de forma apresurada y silenciosa a Disney+.
Lo sorprendente, en primera instancia, es que Ella McCay: imperfectamente perfecta -por una vez, el agregado al título original, que es simplemente el nombre de la protagonista, tiene algo de sentido- haya podido concretarse. Estamos hablando de un film que parece ir, tal como su realizador, a contramano de su tiempo, eludiendo clasificaciones genéricas fáciles y que, en vez de construir una visión pesimista del mundo, trata de ser optimista, pero sin idealizaciones, mientras se apoya en una nostalgia donde lo cronológico se da la mano con lo estético y lo político. Por algo Brooks decide situar la historia en el 2008, haciéndose cargo de que en ese momento Estados Unidos afrontaba una recesión brutal, pero también señalando que no estaba atravesado por las divisiones del presente. Y también, quizás, dándonos a entender que, en esa época, su cine -y las tradiciones que seguía, ligadas a un clasicismo que ahora está casi extinto- todavía era relevante.
A Ella McCay (una Emma Mackey que por momentos nos hace acordar a la Helen Hunt de Mejor…imposible) le pasa de todo y el film la coloca en un momento decisivo, que va a decidir su futuro a largo plazo y que, en gran medida, está pautada por su pasado. La vemos a punto de tomar el puesto de su mentor, el gobernador de un estado sin nombre (Albert Brooks) que está por asumir como funcionario en el gobierno federal. Sin embargo, al mismo tiempo está por estallarle en las manos un escándalo relacionado con su vida marital que, al mismo tiempo que es una trivialidad, también podría ponerla en serios problemas. A la vez, debe lidiar con la reaparición de su padre (Woody Harrelson), un tipo que a lo largo de su vida no dejó macana sin hacer y que ahora busca forzar una reconciliación; su hermano menor (Spike Fearn), introvertido a más no poder y con serias dificultades para socializar; y, principalmente, con ella misma y su historia de pérdidas. Porque Ella es de esa clase de personas idealistas a más no poder, que genera un cariño instantáneo en muchos sujetos, pero que también es capaz de irritar a muchos más. En especial a todos los que forman parte de esas capas geológicas que están en cualquier estructura estatal, esos que son eternamente mediocres, cuya única habilidad es saber reciclarse y que no quieren ningún cambio brusco. Es claro que Brooks construye a Ella como una especie de actualización femenina de los héroes del cine de Frank Capra, en una apuesta más que atractiva, pero que no termina de redondear del todo bien.
Ese intento por delinear un personaje -y su recorrido de aprendizaje- que bien podría ser un pariente lejano del Jefferson Smith interpretado por James Stewart en Caballero sin espada conduce a un relato con altas y bajas constantes, y con una primera mitad mucho más sólida que su segunda. Es que si Ella McCay: imperfectamente perfecta nos entrega algunos personajes multidimensionales y potentes -la propia Ella, su tía encarnada por Jamie Lee Curtis, el gobernador-, también tiene a ese padre al que nunca se permite sacar del patetismo, a ese hermano que protagoniza una subtrama redundante y a ese marido al que directamente traiciona en su desarrollo. Principalmente con este último, la película fuerza giros entre arbitrarios e injustos, con el solo fin de poder decir algo sobre el mundo, lo cual resta muchísimo al resultado final. Aunque es cierto que Brooks no pierde de vista que su film es uno sobre gente que tiene todo cuesta arriba, que quizás no sea completamente derrotada, pero que a lo sumo solo puede conformarse con pequeñas victorias. En eso, Ella es un poco como Brooks, un cineasta que en las últimas décadas parece destinado siempre a fracasar, y para el que poder filmar ya es todo un triunfo. Por eso es que, desde su puesta en escena, se muestra humilde, pero también orgulloso de sus imperfecciones.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

