Título original: The Toxic Avenger // Origen: EE.UU. // Dirección: Macon Blair // Guión: Macon Blair // Intérpretes: Peter Dinklage, Jacob Tremblay, Taylour Paige, Luisa Guerreiro, David Yow, Annette Badland, Sunil Patel, Margo Cargill, Shaun Dooley, Rebecca O’Mara, Macon Blair, Lloyd Kaufman // Fotografía: Dana Gonzales // Montaje: Brett W. Bachman, James Thomas // Música: Brooke Blair, Will Blair // Duración: 102 minutos // Año: 2023 //
5 puntos
UNA VERSIÓN POLÍTICAMENTE CORRECTA Y SIN RIESGO
Por Guillermo Colantonio
El recuerdo se presenta borroso y es posible que la memoria traicione, pero una de las imágenes más fuertes de la cinefilia personal surge de algunas reuniones con compañeros del colegio secundario para hacer maratones de películas de terror o jugar a doblarlas de modo ridículo. Una de esas tardes nos topamos con una extraña trama que incluía a un personaje mutante, una historia de amor con una mujer ciega y escenas absolutamente bizarras, entre ellas, una en la que el protagonista se come una torre de huevos fritos. El vengador tóxico, la versión de 1984, iba todo lo lejos que podía hacia un horizonte en el que pudieran convivir El patito feo con Frankenstein. Libre de los prejuicios y la disputa por el gusto que rigen el presente, se caracterizaba por su desenfado y por una apuesta de tipo lúdico. En la época del VHS, comenzaban a instalarse en el orden del culto estos exponentes cuyo libre albedrío podía atentar contra el lujo académico de un cine considerado importante gracias a una estética de contenido vacuo. Hoy, el orden de la importancia parece supeditado no solo a la forma sino a una actitud políticamente correcta, a una forzosa voluntad por quedar bien con el planeta a base de sospechosos eufemismos. Desde ahí, esta nueva versión se asume como un espejo empañado con respecto a su predecesora.
Peter Dinklage es la elección actoral para interpretar a Winston, un sufrido trabajador de limpieza en una fábrica de productos químicos. Quienes dirigen son tipos inescrupulosos y corruptos. Y tan desalmados como para negarse a cubrir un tratamiento que Winston necesita para combatir una enfermedad terminal. Para colmo, la relación con su hijastro Wade no pasa por su mejor momento. Si en la versión de los ochenta lo que prevalecía era la necesidad de hacer explotar la trama por los aires, en esta queda establecida desde el inicio la importancia discursiva. Entonces, el personaje se convierte en un móvil para dar cuenta -de manera tosca- de cómo se organiza el mundo, sin matices y con aires de importancia. Una periodista intenta develar la red de corrupción. Cuando la van a matar, la confunden con Winston y eso desencadena en la metamorfosis del protagonista, lo que le confiere ciertos poderes. Contrariamente al grueso cuerpo deforme del ’84, este se presenta con efectos especi<ales que conducen al campo de la animación, de la caricatura. Y todo lo que antes era grotescamente perturbador, aquí se diluye a favor de una complacencia, de una prolijidad que conmueve poco y nada.
El resultado es una película más bien pálida, carente incluso de adrenalina y más preocupada por acomodarse dentro del marco actual donde se gritan palabras grandilocuentes o se incrustan temas de inclusión a la fuerza. Si la comedia y el cine de terror se prestan a ello, pocas son las esperanzas para el cine del futuro.
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