–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El último capítulo de Stranger things, titulado The Rightside Up, vino a corregir buena parte de los defectos de esta quinta temporada, que lamentablemente fue la peor de la serie por un campo largo. O quizás no a corregir, pero sí a compensar mediante un mayor foco en la acción y no en la explicación. Escrito y dirigido por los Hermanos Duffer, funcionó en su estructura como una película que prácticamente cerró todas las tramas y subtramas, con unos cuantos desniveles, pero en el balance general bastante efectivo. Es cierto que todos los finales de series veneradas y exitosas suelen ser muy discutidos y no dejan plenamente conformes a nadie, pero este último episodio ratificó que la creación de los Duffer se impuso a sí misma un desafío similar al de la última temporada de Lost, y al que tampoco supo superar. Es decir, trató todo el tiempo de eludir expectativas e ir por el lado de lo inesperado, enredándose innecesariamente, para, finalmente, conformarse con ir por los carriles más previsibles, en los que paradójicamente encontró mayor emotividad e impacto. Si uno piensa mínimamente todo lo que pasó en The Rightside Up, en especial todo lo referido al enfrentamiento con Vecna en ese otro mundo que es El Abismo, casi nada fue sorpresivo, pero aún así -o quizás precisamente por eso- la narración fluyó sin problemas. Todos los momentos de tensión, sorpresa y épica -desde las muertes sacrificiales hasta los grandes momentos de espectacularidad, pasando por las salvadas de último segundo- jugaron un poco con lo predecible, se apropiaron de ese factor y lo usaron para alimentar la empatía del público con lo que se estaba viendo. Incluso los Duffer supieron recuperar parte del tono trágico que siempre estuvo acechando en la serie, para así reforzar la propia lógica de lo que estaban contando, que siempre fue, en el fondo, la historia de Eleven (Millie Bobby Brown, retomando mucho más protagonismo), esa heroína a su pesar y eternamente sola, por más que se haya construido una familia alrededor de los años. Eso sí, el último tercio del episodio/película sufrió un síndrome similar al de El Señor de los Anillos: el retorno del rey, con una multitud de finales como forma para darle el cierre pertinente a cada uno de los protagonistas. De ahí que se pueda afirmar sin temor a equivocarse que hubo casi media hora de más en el metraje, que incluyó una reunión en una terraza algo timorata y un discurso de graduación que fue directamente torpe. Pero los Duffer compensaron esto con una escena final sensible e inteligente, donde consiguieron introducir un giro adicional que, aún con su tono especulador (y hasta algo arbitrario), se apoya en el arte de la narración y remite a parte del espíritu creativo de Stranger things. Allí, en esos últimos minutos, la serie vuelve a sus raíces, a su voluntad por construirse como una fantasía protagonizada por unos pibes que crecieron leyendo y mirando aventuras de todo tipo, y que luego se convierten en los héroes de su propia historia. La imaginación como motor narrativo y la fe en que lo imposible es posible, de eso siempre se trató Stranger Things. Bien por los Duffer que recuperaron la memoria justo a tiempo.
-El Final de Stranger Things está disponible en Netflix.
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