Título original: Eojjeolsuga eobsda // Origen: Corea del Sur // Dirección: Park Chan-wook // Guión: Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi, Don McKellar, Jahye Lee, basado en la novela The Ax, de Donald E. Westlake // Intérpretes: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Park Hee-soon, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Cha Seung-won, Kim Hyung-mook, Oh Gwang-Rok, Lee Yong-nyeo, Nam Jin-bok // Fotografía: Kim Woo-hyung // Montaje: Kim Ho-bin, Kim Sang-beom // Música: Cho Young-wuk // Duración: 139 minutos // Año: 2025
6 puntos
ANATOMÍA DE UN DERRUMBE
Por Guillermo Colantonio
La secuencia inicial de La única opción, la última y ambiciosa apuesta de Park Chan-Wook, es una vidriera donde se refleja una idílica idea de familia según un orden impostado de felicidad. Un padre prepara la barbacoa para su esposa y sus dos hijos. Los movimientos de cámara son coreográficos al punto de que nuestra mirada parece bailar alrededor de los personajes que se reparten entre el jardín y la casa. Man-soo, el protagonista, declara “Lo tengo todo”, y poco después hace una foto con todos, que no deja de ser eso: una imagen, un reflejo, una ilusión, mientras unos enormes nubarrones observan desde el cielo. La ecuación parece perfecta: trabajo, dinero, familia. Pero después de esa orgía de engañosa felicidad, ¿qué?
La escena siguiente marca el inicio de la caída. Es un contrapunto visual y sonoro. Los ruidos de la fábrica de papel, la noticia de los despidos, el fracaso sindical y un cambio drástico en la noción del tiempo y de la existencia. Man-soo ahora declara “Me esclavicé durante 25 años” y es sometido a una serie de ridículas terapias que el propio sistema depredador ofrece para encubrir el descarte deshumanizado. Lo que sigue en la película, de modo caótico, por momentos arbitrario, es una escalada adrenalínica cuyo fundamento lo constituyen los intentos desesperados de un hombre para recuperar su trabajo, aunque eso implique eliminar a otros postulantes, algo que ya Costa Gavras había contado a su manera en La corporación (2005), basada en la misma novela.
Pero, a diferencia del director griego, al realizador surcoreano no le interesan los discursos ni la moral. Por otro lado, los tiempos han cambiado para peor en un mundo asediado por el imperativo del rendimiento productivo a cualquier costo y la robotización mental como atrofia de pensamiento autónomo. En términos visuales, sin descuidar los recursos que más le deben al cine que al testimonio, Park Chan-Wook se luce con secuencias demenciales, se pierde en lagunas narrativas y no necesariamente condena las decisiones del protagonista. De allí que el título de la película se preste a varias interpretaciones, ya sea como aseveración ante la impotencia, como crítica a un sistema social y económico que acorrala o como una forma de entendimiento hacia los seres humanos despojados en un minuto de su dignidad y de su estabilidad. Esta crítica -no a la manera de comentario- se encuentra impregnada de un humor muy oscuro y es parte de elecciones formales que confirman los rasgos demenciales de un director que no le teme a nada. Basta comprobarlo en el modo en el que Man-soo prepara sus crímenes y en las resoluciones de cada situación. La película no condena al personaje, sigue su recorrido patológico y abre zonas de empatía o de comprensión, más allá del horror que sus actos involucran. En este presente de avance tecnológico, de redes globales y cloacales, nuestro héroe es absurdo y patético, una especie de Travis Bickle en clave Buster Keaton.
Man-su es un personaje muy extraño y, a veces, bastante idiota,pero completamente creíble para el público. Dijo alguna vez Truffaut: “Es necesario que la gente ya no tenga ganas de juzgar a los personajes según su moral. Hay que impedirle al espectador-empezando por uno mismo-dominar a los personajes. Debemos dejarles a los personajes todas sus posibilidades de salvación y todas sus contradicciones.” Es imposible no reírse de sus esfuerzos patéticos por llevar adelante esas decisiones, pero al mismo tiempo no podemos desprendernos de cierta compasión. Man-su es un hombre muy común, alguien que uno podría ver en la vida cotidiana. ¿Pero qué ocurre cuando se acaba la plata? Es genial que en el orden de prioridades aparezca Netflix cancelado. Ama a su familia y quiere protegerla profundamente. También quiere proteger la casa que tanto esfuerzo le costó recuperar. Ha pasado veinticinco años dedicándose a una sola carrera. En su carácter se perciben rastros de valores patriarcales, y también una resistencia a perder su machismo. Amante de los bonsai, es allí donde puede ejercer su verdadero control. Por un lado, tala árboles para hacer papel, pero por otro quiere cultivar plantas.
El individuo y su relación con el sistema. Experiencias subjetivas del tiempo y del futuro cuando el presente parece desvanecerse. La fragilidad existencial ante la vida y las exigencias. Cinismo y utopía humanista como dos tensiones contemporáneas. Todo es parte del combo, seductor y desparejo, de Park Chan-Wook. Una respuesta más dentro del cine contemporáneo enfocada en los imaginarios acerca del fin. En este caso el derrumbe no es cósmico sino económico, moral, colectivo. Un colapso silencioso que no llega desde el cielo, sino que se infiltra en la vida cotidiana hasta volverla inhabitable.
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