Título original: Follemente // Origen: Italia // Dirección: Paolo Genovese // Guión: Paolo Genovese, Isabella Aguilar, Lucia Calamaro, Paolo Costella, Flaminia Gressi // Intérpretes: Edoardo Leo, Pilar Fogliati, Emanuela Fanelli, Maria Chiara Giannetta, Claudia Pandolfi, Vittoria Puccini, Marco Giallini, Maurizio Lastrico, Rocco Papaleo, Claudio Santamaria // Fotografía: Fabrizio Lucci // Montaje: Consuelo Catucci // Música: Maurizio Filardo // Duración: 97 minutos // Año: 2025 //
5 puntos
DE HUMOR, NEUROSIS Y SIMULACIÓN
Por Guillermo Colantonio
La premisa es generosa, sobre todo para el terreno de la comedia: la primera cita entre un hombre y una mujer en un departamento. Como situación resulta un tanto trillada, más allá de que en el presente los celulares intervengan prácticamente como un personaje más. Paolo Genovese -director de Perfectos desconocidos (2016)- logra mantener la atención en un mismo espacio dramático y maneja bien el ritmo que requiere el género, pero a grandes rasgos los diálogos y ciertas resoluciones visuales no pasan de la medianía.
La palabra es una herramienta poderosa, ya sea como forma de comunicación o instrumento para seducir, sin embargo, Lara y Piero están atravesados por experiencias previas que han dejado más miedos e inseguridades que otra cosa. Esta excusa da paso al principal caldo de cultivo verbal: los pensamientos de cada uno aparecen personificados e interpretados por actores y actrices. Representan las diversas zonas de la psiquis y se disputan las decisiones de cada protagonista. Por un tiempo, el recurso es simpático, no obstante, agotan su recurrencia y la necesidad de acudir a chistes harto utilizados en otras comedias o incluir los infaltables números musicales. Contrariamente, algunos gags, como la imposibilidad de Piero por disimular su pasión futbolera, sí funcionan y levantan desde la gestualidad la monotonía verbal.
Concebida como una obra teatral inserta en la pantalla, la película también busca la resonancia social en esta idea de todo lo que se pone en juego en un primer encuentro, qué cosas se dicen, cuáles se ocultan y cómo un error puede echar por la borda el juego de simulaciones. En el medio, todo el asunto con los lunáticos ruidos en la cabeza de cada uno, las voces que encarnan el yo, el súper yo y el ello, en una contienda que roza lo pugilístico durante el camino que separa el primer contacto visual hasta la intimidad. Voces que moran en la habitación mental de los protagonistas y que, al igual que los cuartos personales de una casa, tienen su pared llena de recuerdos.
Para no quedarse al margen, además, de cantidad de títulos que escenifican la redefinición de los roles masculinos y femeninos, Genovese se permite potenciar la fragilidad de Piero como la necesidad de cuestionar de Lara, pero sin cruzar jamás la frontera hacia el riesgo, simplemente dentro de un marco de respetabilidad inofensiva y acorde al gusto mayoritario que demanda una clásica comedia romántica.
A modo de síntesis, la idea de materializar la cita fallida no pasa de ser un juego ingenioso con una vuelta de tuerca que combina lo psicológico y lo teatral. La película entretiene, pero también naufraga. Entre tantas voces, no hay una que aporte algo diferente en torno al eterno tema del amor.
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