Título original: Stitch Head // Origen: Reino Unido / Francia / Alemania / Luxemburgo // Dirección: Steve Hudson // Guión: Guy Bass, Steve Hudson // Con las voces de: Asa Butterfield, Joel Fry, Ryan Sampson, Alison Steadman, Paul Tylak, Rob Brydon, Rasmus Hardiker, Fern Brady, Steve Hudson, Jamali Maddix, Ruth Gibson, Seth Usdenov // Dirección de casting: Lucy Rands // Departamento de arte: Oliver Koch, Kenny Rosset, Carlos Velázquez Ayala // Música: Nick Urata // Duración: 2025 // Año: 92 minutos //
5 puntos
ENTRE LA MORALEJA Y EL TEDIO
Por Guillermo Colantonio
Sin ser un experto en la animación y con la mejor predisposición me entregué a Frankie y los monstruos, la película de Steve Hudson y Toby Genkel, adaptación de Stich Head (algo así como cabeza cosida), un libro infantil de Guy Bass. Debo confesar que comencé como un niño y terminé gruñendo como un viejo. Los motivos no obedecen a su impecable factura técnica, sino a un pozo de lugares comunes y a la falta de ritmo narrativo, principalmente.
El argumento es sencillo y tan predecible como las referencias obvias a Frankenstein y a todas las películas que han abordado tramas con criaturas similares. Un científico inescrupuloso da vida a seres que luego abandona. Quien se encarga de asistirlos es el protagonista, un niño freaky. Todos han sido educados para temerles a los humanos que habitan el pueblo. El laboratorio se encuentra en lo alto de la colina. La cosa cambia cuando el dueño de un circo intenta secuestrar a Frankie a partir del engaño y las falsas promesas. Como se ve, los amos de casa comparten el carácter utilitario y materialista para llevar a cabo sus propósitos.
La historia avanza a través de números musicales -la mayoría, un plomazo, hay que decirlo- y escasos momentos de humor que funcionan a medias. La necesidad de colocar la moraleja por encima de todo (qué tan monstruos son los monstruos y humanos los humanos, dónde reside lo bello y lo feo, lo normal y lo anormal) empantana el flujo narrativo, además de cierta impericia por mantener el interés general. Hay un punto en el que la atractiva estética visual, dominada por un juego de colores llamativos, no es suficiente para disimular un intento fallido por narrar algo original y pegadizo. Poca empatía generan los personajes en esta fábula moral, más cerca de la presunta seriedad de los temas que del entretenimiento familiar. Su ambición por dejar un mensaje edificante termina sofocando la espontaneidad y la emoción que suelen sostener a las buenas películas animadas.
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