Título original: The Old Guard 2 // Origen: EE.UU. // Dirección: Victoria Mahoney // Guión: Greg Rucka, Sarah L. Walker // Intérpretes: Charlize Theron, KiKi Layne, Matthias Schoenaerts, Marwan Kenzari, Luca Marinelli, Chiwetel Ejiofor, Veronica Ngo, Henry Golding, Uma Thurman, Kamil Nozynski, Slavko Sobin // Fotografía: Barry Ackroyd // Edición: Matthew Schmidt // Música: Ruth Barrett, Steffen Thum // Duración: 105 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Netflix
2 puntos
CULPA POR DUPLICADO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Parecía difícil que las plataformas lanzaran este año una película peor que La fuente de la juventud. O que la secuela, largamente demorada, de La vieja guardia, pudiera ser más aburrida que el film original. Pero La vieja guardia 2 le puso todo el empeño -por decirlo de algún modo- para concretar esa doble hazaña: estamos ante una continuación aburridísima, que incluso se las arregla para desperdiciar como villana a una gran actriz como Uma Thurman.
Al igual que con la primera parte, la culpa es, valga la redundancia, de la culpa: habrá cambiado la directora (antes Gina Prince-Bythewood, ahora Victoria Mahoney), pero la aventura y la acción culposas vuelven a imponerse. Y no hay que ser un genio para saber que, si la aventura o la acción son culposas, no lo son realmente. Por eso La vieja guardia 2 es un film que reniega de los géneros en los que se inscribe, incluso cuando pareciera querer entregarse a la diversión por la diversión misma, como en la primera secuencia, que termina siendo un despliegue de espectacularidad vacuo, en el que los tiroteos, peleas y persecuciones se ejecutan como trámites administrativos. Es como si la película nos estuviera diciendo a nosotros, espectadores, “bueno, ya cumplí desde el comienzo con lo que esperaban, ahora sigo con otra cosa”, sin importarle contarnos contra quiénes o por qué luchan los protagonistas.
Pero, encima, todo lo que sigue mantiene el mismo tono desganado y a la vez solemne, como si todos los involucrados se sintieran incómodos con lo que están haciendo y quisieran pasar rápido a otra cosa. Hay, obviamente, un conflicto relacionado con el pasado lejano de Andy (Charlize Theron), una compañera a la que creía perdida y una antagonista que es supuestamente la primera de esos seres inmortales a los que pertenece el grupo protagónico. También hay un montón de conversaciones sobre cómo los inmortales pueden pasar a ser mortales y viceversa, sobre traiciones y resentimientos, sobre búsquedas de redención, sobre cosas que pasaron a lo largo de los siglos y un largo etcétera. Todo se habla, todo se explica y, de vez en cuando, hay una secuencia de acción en piloto automático, seguida de más explicaciones y diálogos seudo trascendentales, mientras se quiere forzar varias subtramas melodramáticas con las que es imposible empatizar.
Y es imposible empatizar porque nunca se intuye un mínimo de pasión por lo que se está narrando. No solo en la puesta en escena, el guión y hasta el montaje -que en varios tramos es directamente caótico-, sino también en las actuaciones, que son todas a reglamento. En La vieja guardia 2 ocurre algo particular, que es hasta contradictorio: se habla sobre cuestiones como el peso del tiempo o los deberes relacionados con la lealtad, todo lo que se dice es extremadamente superficial y banal, y al mismo tiempo no se entiende. Esta imposibilidad de entender está relacionada con lo que se ve, que no es ni de cerca algo parecido al cine: son solamente imágenes pegadas entre sí. Tanta culpa le impide a la película tener voz y da para preguntarse -teniendo en cuenta que el final deja todo abierto- si la próxima entrega tendrá algo relevante para contar.
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