Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El enorme éxito de Yellowstone habilitó la llegada de otras producciones que expandieron ese universo y Taylor Sheridan no se tomó el trabajo a la ligera. De hecho, el realizador describió a 1883, la primera precuela de la serie madre, como “una película de diez horas” y hay bastante de cierto en la afirmación. Si a Yellowstone se la puede ver en clave telenovelesca, pero también como una fusión entre el drama épico, la saga político-familiar, el western y hasta el retrato sociológico del Oeste norteamericano, 1883 tiene bastante de lo anterior y le agrega una pátina importante de tragedia como instrumento para pintar un momento histórico. Ese período es el posterior a la Guerra de Secesión, con los participantes del conflicto en busca de una nueva vida y tratando de encontrar territorios donde asentarse. Ahí lo tenemos entonces a James Dutton (Tim McGraw), un ex soldado confederado que, junto a su familia, se une a Shea Brennan (Sam Elliott) y Thomas (LaMonica Garrett), dos empleados de la Agencia Pinkerton, conformando una caravana junto a un grupo de inmigrantes alemanes, en un viaje que los llevará de Texas a Oregon, para finalmente arribar a Montana e instalarse en lo que se convertiría en el Rancho Yellowstone. El recorrido no será simplemente arduo, sino terrible, repleto de obstáculos, padecimientos y sucesos traumáticos, que ya se anticipan en la primera escena, donde vemos a Elsa Dutton (Isabel May), hija de John y Margaret, en una situación límite. Ella será la encargada de narrar la historia y en sus tonos y acotaciones se verá reflejado cómo los logros y triunfos serán equivalentes a las pérdidas y derrotas en la odisea que llevan a cabo esas primeras generaciones de Dutton. Sheridan, que escribe los diez episodios y dirige el primero (el resto están dirigidos por Ben Richardson y Christina Alexandra Voros, habituales colaboradores suyos), se adentra de manera mucho más decidida en el western y se alimenta de sus múltiples expresiones. Está el grupal y profesional de Howard Hawks; el explorador de paisajes, pero también de éticas y moralidades, además de crepuscular de John Ford; el centrado en las obsesiones de Anthony Mann; el de clausura de Clint Eastwood; y el de los cruces interculturales de Kevin Costner. Pero no se limita a hacer una compilación, sino que adapta todo a un molde propio, donde hay un intento de establecer lazos con el presente, aunque sin dejar de tomar en consideración que hay personajes habitando un final de Siglo XIX distinto a este arranque del nuevo milenio. Y que recorre tanto las ambigüedades como los extremos de esa etapa de quiebre, donde la muerte acechaba en cada rincón y algunos horrores eran prácticamente inevitables. En 1883 los amores pueden ser tan efímeros como pasionales, las muertes son fulminantes y lo abismal del paisaje se fusiona con lo temporal, porque cada decisión es a todo o nada. Por eso también el relato mantiene, de principio a fin, un tono tan lúgubre como vital. Sheridan parecer decirnos que, para conquistar ese paraíso infernal, con las contradicciones del término, que es el Rancho Yellowstone -que es a su vez una metáfora posible del idealismo estadounidense más profundo-, antes era necesario perderlo (casi) todo.
-Los diez episodios de 1883 están disponibles en Paramount+ y en Netflix.
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