Título original: Ainda Estou Aqui // Origen: Brasil / Francia // Dirección: Walter Salles // Guión: Murilo Hauser, Heitor Lorega, sobre el libro de Marcelo Rubens Paiva // Intérpretes: Fernanda Torres, Fernanda Montenegro, Selton Mello, Valentina Herszage, Maria Manoella, Bárbara Luz, Gabriela Carneiro da Cunha, Luiza Kosovski, Marjorie Estiano, Guilherme Silveira, Antonio Saboia, Cora Mora, Olívia Torres, Pri Helena // Fotografía: Adrian Teijido // Montaje: Affonso Gonçalves // Música: Warren Ellis // Duración: 137 minutos // Año: 2024 //
7 puntos
LA SOBRIEDAD COMO VALOR AGREGADO
Por Mex Faliero
Mientras miraba Aún estoy aquí, la nominada película de Walter Salles, pensaba qué tenía de singular con relación a otros films que abordan la tragedia de las dictaduras latinoamericanas en los 70’s, como para recibir tanta atención en premiaciones y festivales varios. Y la respuesta era: nada. Aún estoy aquí cuenta la desaparición en 1971 del arquitecto Marcelo Rubens Paiva, ex legislador brasileño y hombre de izquierdas, que fue chupado por los miliares de la misma forma que lo fueron su esposa y una de sus hijas, aunque no siguieron su magra suerte. Es a partir de la peripecia que atraviesa la mujer, Eunice Paiva, que la historia se va construyendo desde su mirada que es cercana y lejana a la vez, como queda evidenciado en la mismísima primera escena: mientras ella se encuentra nadando en el mar, protegida por un entorno líquido, los helicópteros de las Fuerzas Armadas sobrevuelan la costa vaya uno a saber con qué perverso destino. El gesto es de duda e incerteza, aunque prefiera no alborotarse para no romper la idílica postal familiar. Como lo hará más adelante cuando un periodista vaya a entrevistarla para difundir su causa, y en vez de aceptar la invitación a posar triste para las fotos, le pide a su familia que sonría. Contra el horror de los dictadores, lo mejor es no perder la alegría pensará Eunice despojada de cinismo.
Desde aquella Estación central, Salles se ha mostrado siempre como un director prolijo, capaz de contar los temas más escabrosos pero siempre desde un lugar de absoluto pudor (tal vez por eso se sienta tan cerca de la mirada de Eunice, y porque además era amigo de la familia Paiva), con la centralidad del cine industrial y sin los excesos de cierto cine regional y político que apuesta por la aspereza discursiva y formal. Y si bien su filmografía no volvió a tener nunca la efectividad de aquella película, además de que en determinado momento se convirtió en un director del world cinema, Aún estoy aquí es la depuración de algunos vicios que tienen este tipo de propuestas: salvo algún diálogo explicativo, nunca se cae en el subrayado o en el didactismo de manual escolar; ni tampoco hay una reconstrucción heroica o romantizada del pasado. Eunice (maravillosa interpretación de Fernanda Torres) no es un personaje que tenga todo resuelto, sino que va avanzando en sus decisiones a partir de los estímulos que le genera el contexto. Aún estoy aquí no es un viaje al horror ni un juicio de valor, sino más bien el acompañamiento por un proceso entre burocrático y absurdo alrededor de la muerte y la violencia política.
Si Aún estoy aquí no sobresale en ninguna secuencia, la respuesta a qué la vuelve singular tal vez se consiga cuando termina y uno descubre que el valor se lo da la sumatoria de las partes y la forma en que Salles dispone los diversos elementos. En ese corrimiento de una forma de representación que no puede evitar caer, de manera involuntaria, en el morbo, y con la sensibilidad necesaria para utilizar elementos de referencia emocional como el cine y la fotografía sin que suenen a recurso poético grasoso, la película va mereciendo el visionado, va construyendo el secreto de su éxito. Cine industrial sin los vicios habituales, aunque sobre el final notemos que le sobra un epílogo, puesto ahí con un mero pretexto lacrimógeno, cuando la historia había concluido perfectamente anteriormente con el plano de un álbum de fotos cerrándose. Esa necesidad de completitud biográfica, de querer atar todos los cabos, es lo único que la vuelve un poco vulgar, en el sentido de que son recursos pueriles utilizados por otro tipo de películas menos elegantes y más efectistas. Pero en estos tiempos de zamarreos constantes, Salles nos ofrece una película que sin ser tibia se permite representar el horror desde un lugar mucho más sutil y reflexivo. Es, aunque lo disimule, una gran película.
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