Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Creado por el escritor James Patterson, el personaje del Detective Alex Cross ya ha protagonizado decenas de libros y sigue adelante, convertido en un bestseller eterno, en historias donde enfrenta a sofisticados criminales y asesinos. La verdad que no he leído ninguna de las novelas y por ende no puedo opinar sobre su calidad, pero de lo que estoy seguro es que, hasta el momento, ninguna de las adaptaciones al medio audiovisual ha mostrado ser relativamente óptimas. La primera película, Besos que matan, protagonizada por Morgan Freeman en el papel de Cross, era un thriller bastante discreto, que tenía un planteo interesante, pero que se iba desinflando a medida que pasaban los minutos, hasta arribar a un final muy tirado de los pelos. La segunda, Telaraña, profundizaba los defectos de su predecesora, con resoluciones y giros pretendidamente astutos, aunque en verdad eran forzados y previsibles. Luego vino una reversión, Alex Cross, con Tyler Perry en el protagónico, que era un completo desastre: mal narrada, mal filmada, mal actuada, aburrida, pretenciosa y enredada. Durante más de una década, la propiedad estuvo dormida, pero ahora llega Detective Alex Cross, que traslada las estructuras literarias al formato serie, que a priori suena más amigable. Claro que se diferencia de Reacher -probablemente de lo mejor que lanzó Prime Video hasta el momento- en el sentido de que, al menos en esta primera temporada, no se propone adaptar un libro específico. Ahí quizás esté uno de los primeros problemas, porque la creación de Ben Watkins quiere contar algo propio -lo cual es válido y hasta loable-, pero se enreda demasiado en las citas y referencias a elementos de distintas novelas originales. El punto de partida es una tragedia: Alex Cross (Aldis Hodge), que trabaja como detective para el Departamento de Policía de Washington D.C., ha perdido a su esposa, quien murió asesinada, y lo encontramos un año después tratando de procesar el duelo y seguir adelante. Sin embargo, surge un caso bastante particular (la muerte de un activista de Black Lives Matter, que al principio parece por sobredosis, pero que resulta ser un asesinato que forma parte de un plan mayor), que lo enfrentará con un empresario (y psicópata) muy poderoso (Ryan Eggold), poniendo su carrera en peligro. En el medio, también deberá lidiar con una serie de amenazas cada vez más explícitas hacia su familia, que están relacionadas con hechos de su pasado bastante problemáticos. Si ya contar dos tramas que durante la mayoría de los episodios van en paralelo era de mínimo desafiante, Detective Alex Cross incurre en un despliegue de lugares comunes que se vuelve bastante cansador. En particular a lo referido a la lectura política relacionada con el racismo y los comportamientos institucionales, donde la serie nunca sale de la lógica simplista de “blancos opresores, negros oprimidos”. Pero lo peor es que el relato detectivesco, ese que debería ser el principal atractivo más allá de los dilemas personales del protagonista, es entre forzado, esquemático y estirado. Hay una sensación muy patente de que lo que se cuenta en ocho episodios se podría haber narrado en, como mucho, seis, y que hay pasajes de relleno, donde encima prevalece una intensidad actoral -en particular por parte de Hodge, que está todo el tiempo tenso- que, en vez de atraer, expulsa al espectador. Detective Alex Cross tiene la chance de mejorar en todos sus aspectos en su segunda temporada, pero esta primera entrega es bastante descartable.
-Los ocho capítulos de la primera temporada de Detective Alex Cross están disponibles en Prime Video. Ya está confirmada una segunda entrega.
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