Título original: Ídem
Origen: EE.UU. / Canadá / Corea del Sur
Dirección: John Woo
Guión: Brian Helgeland, Josh Campbell, Matt Stuecken
Intérpretes: Nathalie Emmanuel, Omar Sy, Sam Worthington, Diana Silvers, Eric Cantona, Saïd Taghmaoui, Tchéky Karyo, Grégory Montel, Hugo Diego Garcia, Aurélia Agel, Guillaume Kersbusch, Fabrice Scott
Fotografía: Mauro Fiore
Montaje: Zach Staenberg
Música: Marco Beltrami
Duración: 126 minutos
Año: 2024
Plataforma: Peacock
5 puntos
UNA REMAKE CONTENIDA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Hace unos veinticinco años, John Woo iba escalando posiciones hasta llegar a la cima de Hollywood, gracias a los éxitos consecutivos de Código: Flecha Rota, Contracara y Misión: Imposible II. En esos años, debo confesar -con orgullo-, era uno de mis directores preferidos: su estilo entre operístico y absurdo, donde lo trágico y lo cómico se cruzaban de la mano de secuencias de acción con una imaginación desbordante, repletas de slow motion y simbolismos religiosos, era altamente estimulante. Pero luego del fracaso de Códigos de guerra, el consenso alrededor de Woo comenzó a retroceder y terminó volviendo a su China natal. Su regreso a la industria estadounidense, primero con Venganza silenciosa y ahora con The killer, lo encuentra con la pólvora algo mojada, quizás porque los años no pasan en vano, para bien o para mal.
Lo que no se le puede reprochar a Woo es que no quiera tomar riesgos: lo de Venganza silenciosa era más que nada una apuesta formal, con una historia narrada sin palabras, mientras que, en The killer, el realizador aplica una relectura de su propio film original de 1989, un clásico de aquella época que se sostiene muy bien a pesar del paso del tiempo. El riesgo no está, como algunos quieren pensar, en que ahora la protagonista sea una mujer -eso es apenas un detalle en el conjunto-, sino el cambio de tono, o más bien, en cual se impone. Si la versión original era un cuento donde prevalecía lo trágico como puente para una redención tan disparatada como conmovedora, en la estadounidense hay una cierta melancolía y solemnidad, pero también atmósferas entre juguetonas y cómicas, como si no terminara de tomarse del todo en serio a sí misma.
El punto de partida es similar en ambos casos, aunque hay ligeras diferencias en el planteo y sus derivaciones, además de la locación, que las diferencian. Tenemos en París a una asesina a sueldo (Nathalie Emmanuel), tan metódica como letal, a la que le encargan un trabajo en el cual, por accidente, deja ciega a una joven cantante (Diana Silvers) que metida con la gente y en el lugar y tiempo equivocados. Cuando su jefe (Sam Worthington) le ordena completar su labor -es decir, eliminar a todos los posibles testigos-, ella se negará y terminará convertida en el blanco del mafioso más peligroso de la ciudad (Eric Cantona). Su único aliado será entonces un policía híper-honesto (Omar Sy) que investiga toda la trama, en la que hay además involucrado el robo de un millonario cargamento de drogas.
Si el relato se presta para la locura visual que es el sello estilístico de Woo, solo en algunos pasajes la puesta en escena muestra real inventiva. Por ejemplo, durante una persecución en un hospital, en el que la dualidad -uno de los temas habituales del director- juega un papel preponderante. Durante la mayor parte del metraje, a The killer le cuesta ser vibrante y presentarnos personajes que realmente nos atraigan con sus dilemas morales y motivaciones. Ganas de entregar un buen espectáculo no faltan, pero el film también luce un tanto atado, como si Woo no se animara -o no pudiera- ir a fondo con la propuesta. Por eso lo que queda es un drama no del todo dramático, una comedia con poca gracia y una de acción que no llega a explotar del todo a pesar de algunas secuencias potentes.
Los mejores momentos de The killer, los más despreocupados e ilógicos, muestran que Woo ya quedó fuera de época y no le habla al espectador del presente, que solo busca gigantismo o híper realismo. Pero Woo, en lugar de aceptarse como un marginal en el panorama actual, todavía busca una centralidad que muy posiblemente ya no vuelva a tener. Quizás eso explica la contención que le impide a The killer ser todo lo que podría ser.
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