Por Mex Faliero
Arrancamos con una frase título: Porno y helado es la mejor serie argentina de la historia. Otra más: también es la mejor comedia argentina de la historia. Dicho esto, que puede sonar a exageración pero no lo es para nada, avancemos con un rápido análisis de esta segunda temporada. La serie escrita, dirigida y protagonizada por Martín Piroyansky avanzó apostando a más, porque se nota que la producción se agigantó y el universo se expandió, pero también a menos: contra los ocho capítulos de la primera temporada, ahora fueron solamente seis. Y esa es otra decisión notable, porque muestra que sus creadores son totalmente conscientes de las posibilidades y no piensan estirar la producción más allá de lo necesario. Y estos seis episodios le alcanzaron para contar una suerte de gran relato dividido en seis partes, en el que la historia de los tres amigos que improvisan una banda de rock atraviesa múltiples escollos, desde celos hasta crisis existenciales y denuncias de plagio, para terminar fortaleciendo su relación en un último episodio con un juicio de lo más delirante. Porno y helado es una serie sobre la amistad, incluso entre personajes que pueden ser poco confiables, pero que siempre eligen el mejor camino. Y si esa historia encuentra los personajes perfectos y los intérpretes adecuados (junto a Piroyansky, Sofía Morandi e Ignacio Saralegui está perfectos), lo que importa es la precisión con la que la serie relaciona sus múltiples referencias cómicas, que van desde el gag visual, la parodia y el juego verbal de referentes como Mel Brooks o los ZAZ (la parodia a una escena clave de Nueve reinas es hilarante), a la actualización del costumbrismo y el grotesco típico del humor argentino, y la mirada sensible e hilarante de los relatos sobre amistad y juventud de la escuela de Judd Apatow y la Nueva Comedia Americana de comienzos de este siglo. Todo esto, que parecería imposible de mezclar, logra en la serie un universo propio y pautado por reglas invisibles pero que estructuran perfectamente el recorrido. El gran acierto de Porno y helado es entonces saber buscar en la memoria cinéfila y de la cultura popular, readaptar con inteligencia y construir algo propio. Para los más memoriosos, hace recordar a las viejas parodias que intentó Gastón Portal en el viejo ATC, como Poliladron o Voy a pagar la luz, con la diferencia de que Piroyansky además de gran guionista y actor, es también un gran director de comedia, que conoce los tiempos perfectos del género. En su segunda temporada, Porno y helado perfecciona lo hecho en la primera a fuerza de volverse más precisa y efectiva, y nos regala además algunos pasajes musicales como (disculpen el chauvinismo) el del recuerdito de Mar del Plata del cuarto episodio, que son inolvidables y virtuosos. Por sus formas y la manera en que su humor se construye a fuerza de ideas inconexas que se integran llamativamente bien, Porno y helado parece tener cuerda para rato. Pero, a tener en cuenta por la exigencia con que sus creadores se toman el producto, estamos seguros de que no nos entregarán otra temporada si no mantiene el nivel de excelencia de estos 14 capítulos de su corta y exultante vida.
NdR: las dos temporadas de Porno y helado están disponibles en Prime Video.
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