Título original: Blink twice
Origen: México / EE.UU.
Dirección: Zoë Kravitz
Guión: Zoë Kravitz, E.T. Feigenbaum
Intérpretes: Naomi Ackie, Channing Tatum, Alia Shawkat, Christian Slater, Simon Rex, Adria Arjona, Haley Joel Osment, Liz Caribel, Levon Hawke, Trew Mullen, Geena Davis, Kyle Maclachlan, Cris Costa, Saul Williams, Tiffany Persons
Fotografía: Adam Newport-Berra
Montaje: Kathryn J. Schubert
Música: Chanda Dancy
Duración: 102 minutos
Año: 2024
3 puntos
TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Yo creía que la frase “todos los hombres son iguales” era un lugar común hiperbólico, una exageración que muy pocos idiotas realmente creían -como “todas las rubias son taradas”-, pero resulta que el mundo es (o se ha puesto) más idiota de lo que creía. Ahí está, por caso, la ex ministra Gómez Alcorta, que se dio el lujo de postear en X que un violador podía “tu hermano, tu vecino, tu papá, tu hijo, tu amigo, tu compañero de trabajo”, como si la pulsión por violar estuviera en el ADN de todos los tipos. Y ahora tenemos a una película como Parpadea dos veces, que quiere convencernos de que la masculinidad es inherentemente abusiva, depredadora y opresiva de la mujer.
La ópera prima de Zoë Kravitz se sostiene en su primera mitad, mientras funciona como un artefacto similar a ¡Huye!, de Jordan Peele: es decir, un relato donde el personaje principal arriba a un entorno que desconoce y lo desconcierta, y que tras su superficie amable esconde un rostro siniestro. Acá tenemos a Frida (Naomi Ackie), una joven camarera que, tras un encuentro apenas casual con Slater King (Channing Tatum), un billonario del mundo de la tecnología, acepta su invitación para acompañarlo, junto a su amiga Jess (Alia Shawkat), a su isla privada. A ese viaje de placer también un grupo de amigotes de King y tres chicas más, arribando todos a un lugar que luce paradisíaco, aunque hayan algunas cosas que luzcan extrañas. A medida que pasan los días y noches, todo será cada vez más raro e inquietante, y esa sensación se profundiza cuando Jess desaparezca del mapa. Y cuando Frida tome consciencia de que hay cosas que no recuerda, todo ingresa en el terreno de lo terrible.
Parpadea dos veces es de esas películas que solo puede ser explicada y valorada en base a un giro argumental a mitad del metraje. Por eso importa no solo el qué, sino también el cómo, de qué forma mostrar las cartas. Eso lo tenía claro Peele en ¡Huye!, donde había progresión, rasgos de sutileza e ironía, en buena medida porque el realizador viene del palo de la comedia. Kravitz, en cambio, va en sentido contrario, porque su objetivo es bajar línea a como dé lugar. De ahí que pronto el film se transforme en un artefacto donde todo es obvio y subrayado, con un supuesto feminismo que no es tal. En cambio, lo que vemos un despliegue de misandria, de odio al hombre, que por más que tenga distintas representaciones solo puede ser uno: violento, abusador, manipulador, hipócrita, cobarde, resentido. Por eso las referencias a los casos de Jeffrey Epstein y Harvey Weinstein son tan explícitas y superficiales que ni siquiera dan para tomárselas en serio. Y si la película amaga con volcar algunas ideas interesantes sobre la hipocresía de los pedidos de perdón de los abusadores o la complicidad de algunas mujeres con las estructuras de poder masculina, lo cierto es que nunca consigue transmitirlas de forma mínimamente sutil y compleja. Todo son monólogos remarcadísimos, que paralizan la acción a pesar del montaje frenético o la expresividad del sonido.
Da para pensar qué es lo que pasa por la cabeza de Tatum, que se presta a encarnar a un villano esquemático a más no poder, como si ese fuera el único camino para expiar culpas por haber hecho películas incómodas para el movimiento woke, como las dos divertidísimas entregas de Comando especial o la trilogía de Magic Mike. Es la misma duda que nos generaba Michael Cera inmolándose en Barbie o Jonah Hill renegando de esa maravilla llamada Supercool. Lo de Kravitz es más simple de entender y queda claro en el plano final de Parpadea dos veces: no se trata de criticar la violencia masculina, sino de querer ejercer esa misma violencia desde el lugar de la mujer. Lo de la igualdad, indudablemente, está fuera de la agenda.
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