Título original: Trap
Origen: EE.UU. / Reino Unido 7 Yemen
Dirección: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Intérpretes: Josh Hartnett, Ariel Donoghue, Saleka Shyamalan, Alison Pill, Hayley Mills, Jonathan Langdon, Mark Bacolcol, Marnie McPhail, Kid Cudi, Russ, Marcia Bennett, Vanessa Smythe, M. Night Shyamalan
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Montaje: Noemi Katharina Preiswerk
Música: Herdís Stefánsdóttir
Duración: 105 minutos
Año: 2024
7 puntos
LAS GAMBETAS DE SHYAMALAN
Por Mex Faliero
A Cooper, el personaje que interpreta con espíritu reptil Josh Hartnett, parece sucederle lo mismo que al propio Shyamalan a lo largo de toda su carrera. Acorralado, se la pasa buscando diversas zonas de escape para fugarse y continuar con lo suyo. De ahí, tal vez, que Shyamalan logre semejante nivel de empatía con el personaje, que sí es un despiadado asesino serial como se nos cuenta, pero que nunca deja de ser un buen padre con su hija adolescente Riley (Ariel Donoghue), a la que acompaña al recital de una estrella pop de esas estilo Taylor Swift, interpretada por una de las hijas del propio director (Saleka Shyamalan), y que no para de cuidarla en todo momento. A partir de esa mímesis que se logra entre personaje y director, la película se permite múltiples giros y ocurrencias, algunas de ellas un poco forzadas, pero todas muestras de un autor que no se queda quieto en ningún lugar, que arriesga y se vuelve absolutamente inclasificable para el cine mainstream; un tipo con un estilo propio bien definido, que aquí logra la que tal vez sea su mejor película en mucho tiempo.
Es cierto que La trampa funciona mucho mejor en esa primera hora de encierro en un estadio gigante y rodeado de miles de espectadores, y que luego cuando tiene que ampliar ese universo y resolver el asunto, pega algunos volantazos un poco traídos de los pelos, pero también es verdad que en ese último cuarto un poco irregular, Shyamalan logra algunas secuencias realmente memorables (tanto desde la forma como desde la escritura), redondea el homenaje a Hitckcock más claro de su filmografía y termina por construir otro de sus dramas románticos, verdaderas tragedias que respiran un aire de novela de siglos pasados, insertados en una contemporaneidad que descree del romanticismo a la Shyamalan. De Sexto sentido a Llaman a la puerta, es el amor o su ausencia el elemento tóxico que deforma a sus personajes y rompe las estructuras del mundo que habitan. Ahí se construye el monstruo, en la falta de afecto.
La carrera de Shyamalan también ha ido balanceándose entre esa búsqueda de amor de la platea y la crítica, que lo abandonó en un momento pero en los últimos años lo redescubrió como autor de cuentitos fantásticos que funcionan perfectamente a partir de su timing narrativo y su singularidad para la puesta en escena y la generación de climas. Aquí, incluso, Shyamalan saca a relucir un aire despojado y ligero, raro en relación con el cuerpo total de su obra: al menos la primera hora, esa que sigue a Cooper mientras se las ingenia para salir de ese estadio sin que lo detenga la policía, es la película menos afectada en cuanto al tono de las actuaciones, más feliz y desvergonzadamente amoral. Luego sí La trampa va ingresando en esas zonas incómodas, donde el director construye climas enrarecidos y nos invita a despojar la incredulidad para aceptar las vueltas de tuerca, algunas más groseras que otras. Ahí en esa última media hora Shyamalan muestra filiaciones, juega con nuestras expectativas, parece divertirse pensando en las reacciones de la platea. De hecho, es seguramente el cameo en el que mejor actúa de todas sus películas, una presencia festiva que habilita, como orquestador invisible que es de todo este disparate, la huida del protagonista. La trampa es una película indisimulablemente de Shyamalan, pero a la vez su película diferente, menos críptica. Un aire nuevo y una pieza nueva en el entramado de una de las filmografías más interesantes del Hollywood actual. Shyamalan no sigue los vientos de ninguna época, sino que nos pide a nosotros que nos involucremos y lo sigamos en sus ocurrencias. Único.
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