Título original: Idem
Origen: Argentina / Alemania / EE.UU.
Dirección: Gonzalo Gutiérrez
Guión: Pablo Biondi, Gonzalo Gutiérrez, Carlos Kotkin
Voces originales: Karol Sevilla, Patricio Lago, Demián Velazco Rochwerger, Ariel Abadi, Carla Peterson, Leto Dugatkin, Pablo Gandolfo, Luciana Falcón Graña
Dirección de arte: Sebastián Giacobino
Montaje: Martín Blousson
Música: Pablo Borghi
Duración: 88 minutos
Año: 2024
6 puntos
CONTRA MOLINOS DE VIENTO, POR EL MEDIO AMBIENTE
Por Patricio Beltrami
Gigantes atraviesa todos los tópicos recurrentes del cine animado destinado a público infantil en la actualidad. Por una parte, está la aventura de un niño solitario con gran imaginación que fortalece su vínculo con su familia, hace nuevos amigos y, de yapa, salva a su comunidad. En paralelo, se despliega una marcada parábola medioambiental, representada a través de las ambiciones de un villano codicioso. Si a eso se le agrega que la historia es una suerte de relectura libre de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se podía esperar que cierto aire solemne enturbiara un relato de por sí previsible. Sin embargo, la película se las ingenia para salir airosa a partir de su liviandad y de su apuesta por el movimiento constante.
En algún lugar de La Mancha vivía Alfonso, un niño solitario que pasaba sus días atravesando grandes aventuras imaginarias en compañía de tres conejos músicos mientras combatía ogros que, en realidad, eran molinos de viento. Enemigo público de los vecinos por los destrozos que causaba a diario, rápidamente se revela que Alfonso es descendiente del mítico Don Quijote de La Mancha. Aun así, el chico es el menor de los problemas de un pueblo constantemente azotado por terribles tormentas, cuyas tierras están a punto de ser totalmente adquiridas por el inescrupuloso empresario Carrasco. Convencido de que enfrentar a la oscura nube con forma de dragón evitará la ruina de su comunidad, Alfonso parte hacia la tempestad compañía de su vecino Pancho Panza (descendiente de Sancho) y Victoria para salvar al pueblo.
Por una parte, Gigantes no escapa de lo previsible a lo largo de sus 88 minutos. La evolución de los personajes, el desarrollo del conflicto, el sacrificio del héroe y su reivindicación, el final feliz… todo trascurre como se esperaba. Sin embargo, esta aventura lineal está condimentada por algunas buenas decisiones desde lo narrativo y lo técnico. Si bien el estilo de animación no escapa a las formas, colores y diseños de los films para público infantil producidas en Europa, la película presenta algunas secuencias de acción interesantes. Emulando movimientos de cámara y el uso de drones, se construyen planos secuencias que le dan vitalidad a las aventuras de Alfonso, aunque algunos fragmentos sólo ocurran en su mente. Asimismo, los pasajes musicales resultan vistosos y complementan la apuesta por la acción y el movimiento para otorgarle descomprimir a un relato por momentos bastante aleccionador.
Igualmente, a Gigantes le cuesta generar climas. Nunca logra conmover ni despertar carcajadas, ni siquiera a partir de ciertas escenas pretendidamente emotivas donde se busca que el relato respire entre tanta acción. En ese sentido, el uso de las frases de Don Quijote, referenciadas por los mismos personajes, resulta insustancial. Aunque se busca explícitamente alimentar alguna reflexión o moraleja en medio de la historia, su presencia termina siendo una referencia vacía al material original. No obstante, Gigantes sí logra que al público le interesen sus protagonistas. A partir de conflictos tan básicos como universales (viejas disputas familiares, aceptar al diferente, miedo a crecer), el trío de amigos y sus padres se lanzan en una carrera contra el tiempo para salvar sus hogares, sus familias y su historia. Cuando se vuelca hacia la acción, las motivaciones medioambientales y la lucha contra el empresario despiadado (el villano favorito de estos tiempos) quedan relegados a eslabones de una aventura que transita por aire y tierra. Ligera y entretenida, aunque algo ambiciosa desde la necesidad de imponer mensajes ambientalistas en primer plano, Gigantes termina siendo una correcta y amable historia de amistad.
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