Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Dentro del catálogo de Netflix, Asesinato para principiantes es en principio una rareza, a partir de cómo mezcla lo telenovelesco con lo policial. Pero quizás no sea tan rara, porque su construcción toma mucho de los moldes narrativos destinados al llamado público “adulto-juvenil”, ese que oscila entre la adolescencia y la adultez definitiva; y que en un punto necesita que lo introduzcan a géneros viejos como la distopía, como en el caso de Los Juegos del Hambre. Acá la introducción es al policial -género viejo si los hay- y en particular de esa subespecie denominada como “pueblo chico, infierno grande”. El relato se centra en Pip Fitz-Amobi (Emma Myers, ya vista en Merlina), una estudiante secundaria que decide llevar adelante como proyecto escolar la investigación del asesinato en su pequeño pueblo de una joven llamada Andie Bell (India Lillie Davies). Ese hecho, ocurrido cinco años atrás, tuvo un gran impacto en el lugar en general y en Pip en particular, porque, siendo todavía pequeña, fue de las últimas personas que vio a Andie con vida. Y también porque cree que el presunto culpable, otro joven llamado Salil Singh (Rahul Pattni), que se terminó suicidando, no fue el responsable del crimen. Ahí están sus motivaciones, la cuestión será después el cómo, y lo cierto es que Pip tendrá la audacia y la inteligencia (además de una dosis importante de suerte) para llevar adelante una pesquisa que casi inmediatamente se convertirá para ella en una obsesión. A lo largo del camino, hallará algunos aliados, como Ravi (Zain Iqbal), el hermano de Salil, con quien Pip tendrá una química casi inmediata, pero también muchos oponentes y obstáculos. Es que las entrevistas y averiguaciones que la protagonista lleva a cabo empiezan, rápidamente, a destapar muchos, demasiados secretos, todo un mundo subterráneo donde conviven fiestas clandestinas, drogas, adulterios, delitos ocultos, gente demasiado privilegiada y un largo etcétera. Pero Pip seguirá adelante, poniendo en peligro su vida e incluso quedando en situaciones complejas, que la llevarán a cuestionarse a sí misma y hasta a gente muy cercana, con la que convivió toda su vida. La serie, creada por Poppy Cogan y basada en la primera de la serie de novelas de Holly Jackson, apela a estructuras básicas de algunos policiales, con cada capítulo cerrando con revelaciones significativas y un despliegue permanente de posibles culpables, que va de la mano con vueltas de tuerca de la trama. El mecanismo roza lo agotador -ya pasaba lo mismo en series como The killing-, pero a Asesinato para principiantes la salva que tiene solo seis episodios y que va directo al grano, sin enredarse en otra clase de conflictos más que el de la investigación. Todo se trata de Pip, de su vocación por indagar y resolver un trauma tan comunitario como personal, y el hecho de que sea una adolescente un poco ingenua le juega un poco a favor para generar la empatía del espectador, que acepta que en sus avances haya dosis equivalentes de astucia y casualidad. Y que, además, sus hallazgos sean nuevas fuentes de traumas, situaciones quizás demasiado terribles para una chica a la que todavía le falta crecer. Eso no quita que todo el ensamblado policial y dramático es apenas correcto: hay que hacer muchos esfuerzos para no tomar en cuenta unas cuantas eventualidades donde Pip sale bien parada cuando debería ocurrir exactamente lo contrario. En especial en el último capítulo, donde la narración se fuerza en exceso para un final reparador. Es que, al fin y al cabo, por más que esta historia se cierre, la intención es continuar con las adaptaciones de las siguientes entregas de la saga literaria. Asesinato para principiantes tiene una protagonista carismática desde sus imperfecciones y ese es quizás su mayor activo, porque el resto del ensamblado no pasa de lo esquemático.
-Los seis episodios de Asesinato para principiantes están disponibles en Netflix. Todavía no fue renovada para una segunda entrega.
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