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Hachiko 2: Siempre a tu lado

Título original: Hachiko
Origen: China
Dirección: Ang Xu
Guión: Ang Xu, Liangwen Li, Lin Li, Hansi Zhang
Intérpretes: Joan Chen, Jugang Bai, Xiaogang Feng, Eponine Huang, Bo Quian
Fotografía: Shan He
Montaje: Lin Zhu
Dirección de arte: Wei Lu
Duración: 125 minutos
Año: 2023


7 puntos


OTRO MAR DE LÁGRIMAS

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Algunas distribuidoras deberían dejar de mandar fruta en los títulos para atraer público de manera oportunista. Hachiko 2: siempre a tu lado no es una secuela, tal como lo indica su título original (simplemente Hachiko). Tampoco cuenta lo que se indica en la sinopsis que se promocionó alegremente en estas tierras. En realidad, es -nada más y nada menos- una nueva versión de la conocida mundialmente historia real de un perro japonés recordado por haber esperado en la estación de tren de Shibuya a su dueño, casi nueve años después de la muerte de este. El relato ya fue llevado al cine varias veces, aunque las versiones más conocidas son una japonesa de 1987 y una estadounidense, estrenada en el 2009 y protagonizada por Richard Gere.

Debo admitir que no vi ninguna de los films mencionados previamente, básicamente como autopreservación: en el 2008 había visto Marley y yo, otra historia perruna inspirada en hechos reales, de la que salí casi deshidratado. Es que estamos hablando de exponentes de un subgénero al que podríamos denominar como “relatos con animales para llorar a moco tendido aunque odies a cualquier tipo de mascota” y donde los perros son la especie dominante, gracias a su insuperable carisma cinematográfico, seguidos de cerca por los caballos, animales nobles si los hay. Y no quería ver esta nueva versión porque ya sabía lo que se venía: otro mar de lágrimas. Pero bueno, alguien la tenía que cubrir, y acá estamos, tratando de no llorar mientras se escribe.

Esta nueva Hachiko está situada en China y repite el molde esencial descripto anteriormente. Ahí tenemos entonces a un cachorro que es rescatado por un profesor (Xiaogang Feng) que, a contramano de la opinión de su familia (especialmente de su mujer, interpretada por Joan Chen), decide adoptarlo, entablando un vínculo que, con el paso del tiempo, se volverá indestructible. La película de Ang Xu se toma su tiempo -casi una hora y media- para retratar la evolución de esta relación humano-perruna, y acierta con esta decisión, porque es consciente de que ese lazo es el trampolín para ir un poco más allá e indagar en otras dinámicas afectivas. Lo que se ve entonces es, en el fondo, un drama familiar, uno donde no hay grandes conflictos, sino los devenires típicos de una familia de clase trabajadora, lo que genera una empatía casi inmediata. Un ejemplo de esto es la escena donde el profesor decide oficializar que va a quedarse con el perro, señalándoles a su esposa y sus dos hijos que ellos hacen cosas muy personales y que todos los aceptan, aunque pudieran ser cuestionables, y que entonces él también va a seguir adelante con lo que los demás consideran un mero capricho.

Con su ritmo pausado, pero consistente, Hachiko demuestra la sensibilidad y honestidad necesarias para reflejar cómo las mascotas pueden dejar de ser simplemente mascotas, para convertirse en miembros con pleno derecho en el núcleo familiar. Por eso es que no pueden faltar en la foto oficial de la familia: son parte ineludible de la identidad de sus dueños, que pasan a ser algo más parecidos a padres, en una relación de reciprocidad y lealtad que luego no se puede romper. Desde ahí es que también la película puede constituirse en una reflexión simple y a la vez potente sobre el paso del tiempo y los cambios que este trae en las dinámicas relacionales, pero también la consolidación de rituales afectivos.

Esos rituales, tradiciones y hasta gestos repetidos, como la espera diaria del perro en la estación, mientras aguarda la llegada de su amo/amigo/padre, son los que permiten que el giro entre trágico y melancólico que llega antes del último tercio de la película no sea percibido como un golpe bajo. Y aunque la media hora final es lacrimógena al extremo, no hay casi nada forzado, con la excepción de un par de remarcaciones en la última secuencia. Hachiko cuenta con herramientas nobles una historia ya muy conocida, pero que conserva intacta su capacidad para conmover. Es que los perros son, para qué negarlo, un clásico inoxidable.


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