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El Oso – Temporada 1

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

El mundo de la alta gastronomía ha dado material para múltiples ficciones, especialmente por el clima tenso y la presión que se vive adentro de las cocinas de lujosos restaurantes. Pero El Oso, la notable serie creada por Christopher Storer, sorprende porque en vez de centrarse en ese universo ya bastante reconocible desde la ficción, lo usa como materia prima y lo deja casi en off para lo que quiere contar: cómo alguien que viene de ese lugar puede aplicar(se) a las reglas de un espacio más popular y menos sofisticado. Carmen “Carmy” Berzatto (un intenso Jeremy Allen White, con mucho del Pacino de los 70’s y 80’s) es el chef en cuestión, ganador de múltiples premios y considerado como uno de los mejores de su generación, pero que de un día para el otro cambia de rumbo cuando hereda el restaurante familiar que le deja su hermano luego de suicidarse. El restaurante, “The Beef”, ubicado en Chicago, tiene como especialidad los sándwiches al paso y es un reducto fundamental para la clase laburante. Pero “Carmy” tiene un objetivo: sumarle a ese reducto hundido en deudas y con un personal un poco desorganizado, modos y formas de trabajo de la alta cocina. Uno de los ejes de El Oso es precisamente ese choque cultural entre viejas y nuevas tradiciones, que Storer traduce muy bien a los aspectos formales de la serie: la narración puede pasar de un acelere cercano al clip (los dos primeros episodios son una locura de movimientos de cámara, cortos y gritos) a momentos más reposados, de una intensidad que bordea el cinismo tan contemporáneo a espacios de reflexión en los que aflora la humanidad de los personajes. Porque en definitiva, tras esa fachada de mundo laboral, tan bien recreado desde una perspectiva realista y sucia, de lo que habla El Oso es de los vínculos, de aquellos obligados que se construyen en un trabajo, pero también de aquellos (también obligados) que se arrastran con la familia. De lo que “Carmy” quiere enseñar a sus empleados, pero también de aquello que debe aprender; y fundamentalmente de lo que debe hacer con lo que le dejó su hermano, que es más que nada una gran incógnita. El viaje de “Carmy” es el corazón del relato, su duelo y la confrontación con sus miedos, que lejos de la distancia inicial va profundizándose hacia la parte más emocional y sensible en un final de temporada que es de una hermosura infrecuente. El Oso es una de las sorpresas del año (uno de los productores es Hiro Murai, de la genial Atlanta y director de algunos episodios de Barry), una de las grandes historias de este 2022, tan intensa como adorable, narrada con una energía arrolladora; una serie que brilla tanto en aspectos narrativos como formales (el episodio siete, Review, está filmado casi en un solo plano), como en unas actuaciones ajustadísimas que detrás del ruido y la tensión constante encuentran el centro emocional de cada personaje y los vuelven queribles, como si mezcláramos The Office con el Nuevo Hollywood de los 70’s.

NdR: Los ocho episodios de El Oso están disponibles en Star+.


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