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Ollie está perdido – Miniserie

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Ollie está perdido es una miniserie basada en un libro de William Joyce, un experimentado autor de historias infantiles, algunas llevadas al cine como por ejemplo El origen de los guardianes o La familia del futuro. Aunque también ha desarrollado guiones como el de Robots y trabajó en el arte conceptual de Toy Story, por lo que estamos ante un artista con una idea muy precisa acerca de cómo abordar el mundo de los chicos con imaginación y -también- sentido por los temas importantes de esa etapa de la vida. Pero precisamente la película seminal de Pixar es la que inmediatamente se viene a la mente cuando comenzamos a ver Ollie está perdido, porque el centro es un juguete extraviado que quiere reencontrarse con su dueño. Y si bien Toy Story no inventó el concepto de juguetes con vida propia, sí hay temas como la pérdida y el paso del tiempo que son comunes entre aquella película y esta miniserie de Netflix. Ollie está perdido fusiona la animación digital (hermosa, provista por los genios de Industrial Light & Magic) y acción real: En el universo digital seguimos el viaje de Ollie, quien en la travesía para reencontrarse con su dueño se cruzará con una serie de personajes, también juguetes perdidos u olvidados; mientras que con acción real se contará la historia de Billy, el dueño de Ollie, y sus padres. Hay entre ambos mundos un contrapunto extremo: mientras el mundo de los juguetes es de tonos ocres y apagados, y está gobernado por una oscuridad terrible, el de los humanos es uno bastante luminoso, con una familia idealizada a la que, no obstante, le sucede algo trágico que quiebra esa paz. Hay desde la puesta en escena una decisión bien precisa de forzar esos extremos para hacer un pasaje entre lo adulto y lo infantil que potencie el sentido de la pérdida, que es el principal leitmotiv de la miniserie: qué hacemos con lo que ya no está, cómo nos enfrentamos a lo que está por desaparecer. Ollie está perdido es indudablemente una historia melancólica, triste, narrada desde el dolor, aunque siempre con una chispa de ilusión respecto de cómo los vínculos y el afecto entre pares nos vuelven de alguna forma eternos, al menos en el recuerdo de los demás. Detrás de cámaras está Peter Ramsey, uno de los directores de Spiderman: Un nuevo universo, quien vuelve a demostrar un uso notable de la animación, pero que también sabe correrse de la excitación de aquella historia para centrarse en algo más íntimo y emocional: el mejor episodio, Bali Hai, es una muestra de sabiduría narrativa, al contar una trágica historia de amor entre juguetes, casi sin diálogos. Ollie está perdido es una gran aventura, de esas que apuestan por el movimiento en la superficie mientras se mueven otros asuntos en el interior, con un diseño de personajes bellísimo y una apuesta por un melancolía que nunca es impostación. Y es, además, un regalo visual, tal vez una de las mejores producciones de Netflix en mucho tiempo, a la que vale la pena enfrentarse con el riesgo de quedar atrapado en su dulce aunque inevitable tristeza.

NdR: Los cuatro episodios de Ollie está perdido están disponibles en Netflix.


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