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24 líneas por segundo: ¿Qué hacemos con el cine argentino?

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Cuando atravesamos el domingo de su tercer fin de semana en cartelera, 30 noches con mi ex, la comedia dirigida y protagonizada por Adrián Suar, cortó 509.757 entradas, una cifra que para la realidad del cine argentino a partir de la pandemia es casi un milagro. Como dato ejemplar, ya vendió cuatro veces lo que había vendido la mejor película nacional desde marzo de 2020 al presente (mejor en términos de taquilla, se entiende). Ahora bien, esos números empalidecen si pensamos en lo que vendían las películas de Suar antes de la pandemia: Dos más dos, El fútbol o yo, Un novio para mi mujer y Me casé con un boludo van del millón a los dos millones. Con el medio millón acumulado y con un fin de semana que ya bajó al orden de los 75.000 espectadores, a 30 noches con mi ex le costará alcanzar el millón y tal vez ronde las cifras de Igualita a mí, algo más de 800.000, sin entrar en detalles acerca de cómo la afectará su próxima llegada a la plataforma Star+. Lo que revela esto es que al cine nacional, con uno de sus máximos estandartes en materia de venta de entradas como es Suar, le está costando llegar al millón (el resto de los estrenos pueden considerarse hechos si superan los 100.000). Y habrá que ver qué sucede con Argentina, 1985, con Ricardo Darín, la otra esperanza del cine argentino para la taquilla 2022. Con esto, la pregunta es qué se hace con el cine argentino, con una economía rota que encarece todos los costos y con un público que básicamente es una porción muy pequeña de la taquilla -más que hace dos años inclusive-, lo que significa que es muy complicado recuperar la inversión. Está claro que en la actualidad la pantalla grande, y los espectadores, están casi reservados a un tipo de cine que por costos, obviamente, la cinematografía nacional no produce (no puede producir). Para que seamos claros: no es solo un problema del cine argentino, es un diseño de cine cuyo público fue absorbido por las plataformas. Antes de Elvis, las últimas tres películas con Tom Hanks (¡con Tom Hanks!) no tocaron las salas y fueron lanzadas por plataformas; y claramente Elvis no se vende por Hanks, sino por el propio Elvis. El panorama es un poco desolador y preocupante y habrá que ver si la industria, puertas para adentro, analiza estos números en función de reformular algunos aspectos de cómo se produce y difunde el cine nacional. Mientras tanto, desde la tensión con Luis Puenzo y su salida del INCAA, la situación de las diversas entidades vinculadas con el cine atraviesa una suerte de calma sin sobresaltos.


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