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Cobra Kai – Temporada 4

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Si, luego de finalizar la tercera temporada, podía pensarse que la cuarta entrega podía ser la última, gran parte de esta nueva entrega de Cobra Kai amaga con ser un relato de transición, para luego arribar a un cierre electrizante. El camino hacia el Torneo de Karate All Valley es cuando menos desparejo, con un despliegue de subtramas un tanto excesivo, más idas y vueltas en el relato que no aprovechan el potencial de ciertos conflictos. Por ejemplo, la unión de los dojos de Miyagi-Do y Eagle Fang, con esa convivencia improvisada entre Johnny Lawrence y Daniel LaRusso, tiene algunos buenos momentos de aprendizaje mutuo, pero también otros donde los enredos afectivos empantanan la narración. Algo parecido se puede decir de las conflictividades entre los alumnos de Cobra Kai, Miyagi-Do y Eagle Fang, donde los amagues de estallidos están a la orden del día, pero también el recurso de “resolvamos todo en el torneo”, por lo que los cruces terminan siendo secuencias bastante irrelevantes o repeticiones de enfrentamientos de temporadas anteriores. A la serie le cuesta movilizar realmente a los protagonistas de los lugares de donde parten en el primer capítulo e incluso algunos personajes terminan siendo más instrumentos del guión que otra cosa. Esto último se puede apreciar particularmente en Kenny, el chico nuevo de la escuela; Raymond (el gran Paul Walter Hauser), quien retorna luego de su ausencia en la tercera temporada; y Anthony, el hijo menor de Daniel. El primero está para mostrar los efectos perniciosos de la enseñanza de Cobra Kai y los límites de Robby, el hijo de Johnny, para encarar su propio camino; el segundo está esencialmente para una vuelta de tuerca en el último episodio -muy efectiva, por cierto-; y el tercero para que la serie nos demuestre que, al fin y al cabo, existe, aunque nunca nos llegue a importar realmente. Sin embargo, cuando amenazaba con caer en la intrascendencia, el último tercio de la temporada acomoda las piezas, refuerza algunos de sus méritos y se focaliza en lo importante. Y lo importante es, claro está, el Torneo donde se decide el destino de los dojos en disputa, convertido en el escenario casi único de los dos últimos episodios, que son francamente estupendos. Allí la serie no solo recupera el espíritu deportivo que siempre la alimentó, sino que también despliega una puesta en escena para los combates que posee una innegable potencia. Hay grandes movimientos, momentos de fuerte tensión, conflictos resueltos desde la corporalidad y un puñado de frases, y hasta desenlaces ciertamente inesperados. Pero lo mejor de esta cuarta temporada atraviesa casi todos los capítulos, y es Terry Silver (gran actuación de Thomas Ian Griffith), el villano de una película totalmente estúpida como Karate Kid III -posiblemente la peor de toda la saga-, pero cuya reaparición ratifica la habilidad de la creación de Josh Heald, Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg para repensar a los clásicos antagonistas. Si Johnny Lawrence es un caído en desgracia en busca de redención y John Kreese un tipo cruel pero convencido de estar del lado correcto, Terry Silver parece ser inicialmente una mezcla de ambos, para luego evolucionar hacia algo más. Es alguien que toma consciencia de que es el malo de la película, que está en su naturaleza y que debe abrazar esa condición para sobrevivir y superar todas sus potenciales debilidades. Y desde ahí construye un recorrido memorable, de ser manipulado a manipulador, hasta quedarse con el verdadero protagonismo y marcar la agenda del enfrentamiento entre los dojos. Al fin y al cabo, Cobra Kai es una serie no solo sobre padres e hijos, maestros y alumnos; también lo es sobre cómo la diferencia entre el bien y el mal puede ser tan sutil como abismal. Silver consigue encarnar esos niveles de conflictividad de forma concisa y compleja, guiando a Cobra Kai a un final que le da razón de ser a lo que sucedió en la cuarta entrega y a lo que vendrá en la quinta temporada.

-Los diez episodios de la cuarta temporada de Cobra Kai están disponibles en Netflix.


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