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La familia Pie Grande

Título original: Bigfoot Family
Origen: Bélgica / Francia
Dirección: Jeremy Degruson, Ben Stassen
Guión: Cal Brunker, Bob Barlen
Voces originales: Kylian Trouillard, Alexis Victor, Marie Chevalot, Frederic Souterelle, Sébastien Desjours, Pierre Tessier, Xavier Fagnon, Clara Quilichini
Departamento de arte: Patrick Reyntens, Inge van der Veen
Música: Puggy
Duración: 89 minutos
Año: 2020


6 puntos


EXISTE LA ANIMACIÓN NO NORTEAMERICANA

Por Franco Denápole

(@fdenapole)

Los estudios de animación norteamericanos no son (ni nunca fueron) los únicos que existen. Esta realidad está empezando a ser conocida por el público general con la difusión de una sana variedad de cortometrajes y largometrajes de animación provenientes de distintas partes del mundo. Sin embargo, el que haya comenzado esta reseña señalando lo que para muchos es una obviedad llama la atención sobre el hecho de que aún la animación no norteamericana es una rareza, una excentricidad marcada por el signo de la anormalidad. De esta forma si decimos “animación” se asume que hablamos de animación norteamericana, y en caso de que no sea así, es necesario aclararlo.

Películas como El hijo de Pie Grande (devenida ahora en una saga gracias a la secuela La familia Pie Grande) son un ejemplo de esta animación “alternativa”. La productora a cargo de esta serie de películas es la belga nWave Pictures, que viene haciendo cortometrajes desde los ’90 pero que recién en los últimos años ha conseguido algo de notoriedad gracias a sus aventuras aptas para toda la familia. A este grupo pertenecen estas dos películas protagonizadas por el hijo de “Pie Grande”, quien se ve arrastrado a las divertidas, aunque a veces peligrosas andanzas de su padre. La utilización de la fórmula “el hijo de”, tan cara al séptimo arte en general como primicia para justificar secuelas, permite encarar la reescritura de un mito o leyenda popular desde una perspectiva distinta. No es obviamente una decisión narrativa innovadora, puesto que un gran número de las películas de animación juegan con este acto de construir sus mundos tomando un elemento la realidad y jugando al “qué tal si”: qué tal si los insectos tuvieran emociones y pudieran hablar; qué tal si detrás del placard de la habitación existiera una sociedad habitada por monstruos; qué tal si las mascotas del hogar tuvieran una vida; qué tal si Pie Grande tuviera un hijo mitad humano mitad Pie Grande.

La familia Pie Grande responde correctamente a las exigencias de un blockbuster de animación infantil, se pone a la altura de una película con lanzamiento mundial, pero no lleva la apuesta más allá. Son rescatables sus personajes, algo conservadores pero alejados de las estrategias melodramáticas y manipuladoras de otras películas de animación, así como el ritmo vertiginoso de sus secuencias de acción, que las asemejan a montañas rusas. Sin embargo, y si bien no se le puede achacar su papel a la hora de contribuir al desarrollo de una industria de animación de alcance global en Bélgica, tampoco es posible decir que haga mucho más para este medio artístico: intenta emular la simpleza e inocencia de la estela de películas que continúan el tono de las primeras obras de Disney, pero sin lograr la sofisticación estética y narrativa de muchas de ellas; y al mismo tiempo no se atreve a dar un paso hacia el costado y optar por una historia con otro tipo de influencias y trasfondos culturales.

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