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Castlevania – Temporadas 1, 2 y 3

Por Cristian Ariel Mangini

(@cristian_mangi)

Castlevania tiene el honor de ser una de las mejores adaptaciones que se han hecho a alguna pantalla desde el mundo de los videojuegos junto a otro producto de la japonesa Konami, Silent Hill. Pero más allá de esto, es una serie atractiva en sí misma que trasciende al universo del videojuego. Algún nostálgico recordará de finales de los ‘80 y comienzos de los ‘90 esta saga de juegos donde un tipo con un látigo se abre camino a través de las salas y calabozos de un castillo hasta llegar eventualmente a Drácula. Con cada entrega la complejidad de este universo fue adquiriendo densidad tomando influencias de diferentes relatos de terror, hasta entregar toda una saga generacional de personajes, antagonistas que iban más allá de la figura de Drácula y universos paralelos. Toda esta mitología generó un caldo de cultivo que esta serie de Netflix dirigida por Warren Ellis supo adaptar, tomando algunos riesgos que comienzan a asomar en la tercera temporada. Ellis proviene del mundo del cómic y tiene una larga carrera como guionista en televisión y cine, algo que le ha beneficiado en la construcción del universo que atraviesa a la serie, haciendo de los personajes de Trevor Belmont, Sypha Belnades, Alucard y el mismo Drácula personificaciones tan sólidas como la oscura y distópica Europa del Este medieval que ilustra en su relato. Las primeras dos temporadas tienen un ritmo vertiginoso que se centra en la caza desesperada de Drácula, su doloroso pasado y los motivos que llevan a su caída en el notable y violento capítulo Por amor, de la segunda temporada. La tercera temporada demuestra que todos los arcos narrativos que Ellis había estado insinuando a lo largo de estas dos temporadas que iban directo al grano, no fueron en vano. El oscurantismo fanático de la religión, las cualidades darwinistas de pueblos hambreados y desesperados por el abandono, las consecuencias de la convivencia con el miedo y la violencia, son algunos de los elementos que se exploran con éxito en la última temporada, que se sale de la figura icónica de la serie y toma el riesgo de abrir cuatro arcos narrativos diferentes para explorar las tierras donde se sitúa Castlevania. La dirección de casi todos los episodios corre a cargo de Sam Deats, que hace un buen trabajo en materializar los guiones de Ellis, a pesar de falencias en la continuidad que pueden verse por momentos en la primera temporada. El tono de serie adulta debería ya ser preanunciado por la nada sutil violencia, pero si esto no alcanza a entender el registro, los diálogos burdos y sin rodeos, el sexo, la perversión sádica de algunos personajes y la profundidad filosófica que motiva a personajes como Isaac, debería ser suficiente para que se entienda. Algunos arcos resultan un tanto débiles en la tercera temporada (en particular el de Alucard), pero la serie logra atrapar por el desborde de fantasía y violencia que entrega auténticas orgías literales y visuales, como la que sucede en el episodio La cosecha. Castlevania nunca te deja impávido.

Las tres temporadas de Castlevania se pueden ver por Netflix.

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