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Ozark – Temporada 3

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

Aún con sus desniveles y el dilema eterno de no parecerse mucho a Breaking bad –o más bien, solo lo suficiente-, Ozark ha sido y continúa siendo una serie ciertamente apasionante. Lo ha conseguido en buena medida a una estética particular, donde la banda sonora juega un rol relevante; una construcción narrativa que parte de lo familiar para ir hacia lo comunitario; y un humor sumamente ácido, particularmente desde el personaje de Marty Byrde (Jason Bateman). Pero no hay que olvidarse de su dinamismo narrativo, esa progresión constante, donde los distintos juegos de poder criminales en los que participan los protagonistas cambian constantemente, con nuevos movimientos en cada capítulo. Lo cierto es que en su tercera temporada hay un retroceso en esta última característica, porque durante buena parte de su recorrido la serie presenta un comportamiento un tanto errático, como si no tuviera claro hacia dónde avanzar y de qué forma. Esto no deja de ser paradójico: en su tercera entrega, Ozark se propone contar muchas cosas, cambiando los ejes del conflicto cada tres o cuatro episodios, y posiblemente eso termine atentando contra sus propósitos. Es que si bien los primeros capítulos arrancan perfilando todo para el lado de una guerra interna entre Marty y Wendy (Laura Linney), donde los intereses están claramente contrapuestos, ese enfrentamiento se termina de forma bastante abrupta, con Wendy saliendo mejor parada. Luego se insinúa una posible alianza entre Wendy y Helen Pierce (Janet McTeer), la despiadada abogada del cartel de Navarro, con el mismísimo jefe narco como eje, pero eso también se disuelve rápido. Es en la segunda mitad y especialmente el último tercio donde aparece un centro conflictivo claro, con una especie de Guerra Fría entre los Byrde y Helen, en la cual cada parte trata de mostrarse más útil para Navarro. En el medio, la serie se pierde de desarrollar apropiadamente los dilemas que atraviesan los integrantes de la familia Byrde, particularmente en el caso de Marty, que solo tiene un capítulo (Boss fight) con mayor centralidad y en muchos episodios queda relegado a un papel casi funcional a distintas subtramas. Quizás sea porque esta temporada se trató, esencialmente, del lado materno de la familia. Por eso el personaje más interesante –por lo disruptivo- termina siendo Ben Davis (excelente Tom Pelphrey), el hermano bipolar de Wendy, quien entra y sale para alterar todo. Son su carácter, actitudes y acciones erráticas los que sacan adelante la serie, los que construyen conflictividad y hasta vínculos afectivos profundos, especialmente en la relación romántica que entabla con Ruth Langmore (Julia Garner). Esta última subtrama va adquiriendo visos de tragedia y se retroalimenta con otro romance, casi bizarro pero tratado con perfecta naturalidad, que es el de Darlene Snell (Lisa Emery) y Wyatt Langmore (Charlie Tahan). Quizás lo más atractivo de la tercera temporada de Ozark –además de su shockeante escena final- sea cómo deja todo abierto para una cuarta temporada que tiene todo servido para escalar bien arriba sus apuestas. No solo por los nuevos vínculos entre el matrimonio Byrde y Navarro, sino también por otras alianzas criminales y choques familiares que se van perfilando. A nivel general, funciona más como una transición, un puente hacia confrontaciones más potentes que las que tuvieron lugar en esta entrega.

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