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El mundo oculto de Sabrina – Temporadas 1, 2 y 3

Por Rosana López

(@rousisattack)

El mundo oculto de Sabrina, basada de forma un tanto libre en el comic book del 2014 de la editorial neoyorkina Archie comics, cuenta cómo su protagonista Sabrina Spellman, ni bien cumplidos sus 16 años, debe debatirse entre el mudo real vívido hasta entonces con su adolescencia en el secundario Baxter de Greendale o aceptar el mundo de los brujos custodiado por una especie de cabra, en primera instancia -con cuernos prominentes que recuerda a aquel personaje de El día de la bestia de Alex de la Iglesia- llamado el Señor Oscuro de la Iglesia de la Noche; es decir, el mismísimo Satanás. La decisión de esta adolescente debe ser tomada esa misma noche de Halloween bajo el eclipse de luna roja. Y lo radical para Sabrina se debe a que es de mitad humana por su madre mortal y mitad bruja por su padre, un importante hechicero, ambos fallecidos en extrañas circunstancias. Rebelde como sus primogénitos que sortearon las costumbres de ambos mundos para consumar su amor, Sabrina quiere el poder de la magia oscura pero también la ordinaria libertad que lleva con sus amigos del colegio en aquel pueblito. Sabrina sienta desde el principio de la primera temporada tener derecho sobre esos dos mundos que son parte de su origen así esto signifique rebelarse contra las instituciones y/o teorías ancestrales y rígidas de su comunidad oscura. De puertas para adentro Sabrina convive con sus tías: la estricta Zelda y la amable Hilda y su primo afroamericano Ambrose, un brujo con arresto domiciliario por querer explotar nada más y nada menos que el Vaticano. Será este primo una suerte de compañero y consejero en muchas de las andanzas de Sabrina, como el rol antiguo que cumplía el gato Salem de la sitcom de los 90’s. Por cierto, aquí Salem se reduce solo a ser una mascota sin ninguna parla y divertimento que tenía en la saga de Nickelodeon. Sin embargo, en esta serie abunda el humor negro y ácido que maneja nuestra protagonista femenina, Kiernan Shipka, con una actuación híper-carismática. Una plasticidad que la convierte en una  heredera directa al rol que antaño representaba Buffy, la cazavampiros. Ambas guerreras que luchan entre el bien y el mal y que, pese a ser acompañadas por un conjunto de personajes amigos, se encuentran en la extrema soledad y tristeza con un destino limitado a la protección de la Humanidad. Obligación que se eleva por sobre cualquier deseo egoísta de tener una vida normal y añorada por estas superheroínas. Si bien El mundo oculto de Sabrina se fue alejando del sentido estricto del comic que le dio origen, su tono, género y trama sigue permaneciendo intacto. El desarrollo es fiel a la locación de la pequeña localidad imaginaria de Greendale -de corte timburtoneano– lindero a otra comunidad llamada Riverdale y, oh casualidad, perteneciente a otra serie de televisión para adolescentes basada en la misma editorial de esos comics. Por lo que muchos fanáticos se ilusionan con un añorado crossover entre ambos mundos a suceder pronto, aunque sus autores lo han desmentido por el momento. Lo cierto es que la pequeña Sabrina -que parece tan tierna e ingenua- aún desea alcanzar el mayor grado de enseñanza dentro de su formación como bruja aunque esto signifique despertar su lado más siniestro. Un lado de proporciones bíblicas y de alto poder que conlleva demasiada responsabilidad y sacrificio. El famoso sacrificio del héroe que ya hemos mencionado antes, con el personaje femenino de Buffy. Y pese a que El mundo secreto de Sabrina fue muy bien recibida por la crítica, la serie contó con detractores. Por un lado, sectores como el cristianismo apuntaron a que no hace otra cosa que aceptar culturalmente a una secta como el satanismo y considerarla como una religión. También señalaron estar contra la exhibición de un alto grado de erotismo dentro de su joven elenco, quienes siempre insinúan desnudez y orgías visuales para un público destinatario adolescente. Quien escribe cree que esto está más cerca de una adaptación real y creíble a los momentos vividos en la actualidad por los mayores de 14 años, que a una exhibición gratuita de posible desnudez o cualquier otro exceso aparente. Por el otro, como decíamos, los satánicos tampoco estuvieron muy contentos con El mundo oculto de Sabrina, argumentando que representan erróneamente su filosofía de vida y hasta plagiaron la estatua de Baphomet, deidad diabólica de la Edad Media que se encuentra en el salón principal de la Academia de Brujos. Por ello intimaron judicialmente a Netflix. En contraposición podríamos decir que lo más flojo de El mundo oculto de Sabrina a través de sus tres temporadas emitidas, de 28 capítulos en total, son las forzadas andanzas y amoríos de sus amigos mortales donde ni siquiera aportó interés, como señal de lucha, la decisión de cambio de sexo de la amiga trans de Sabrina, ahora aceptada como Theo (la actriz que lo interpreta, Lachlan Watson, se autopercibe binaria). Aparentemente esta sub-historia rica de ser explotada solo fue llevada a la serie como un adorno sobrevolado al paso. Por suerte participaciones como la de Madame Satán y profesora de Sabrina, Michelle Gomez, o el director del instituto de brujos, el padre Blackwood de Richard Coyle, hacen al show más atractivo con una plasticidad increíble en interpretación así también como a la hora de transmitir un atractivo halo misterioso. En fin, El mundo secreto de Sabrina crece a un nivel de madurez, demostrando temporada tras temporada una interesante evolución de personajes y de historias desenfrenadas, que derriban preconceptos de ser una serie superficial destinada a un público joven. Muy por el contrario, va ganando adeptos y curiosos a sumergirse en una aventura y fantasía que hace tiempo estaba vacante.

Hay una cuarta temporada anunciada para algún momento de este año.

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