Título original: Outlaw King
Origen: EE.UU. / Reino Unido
Dirección: David Mackenzie
Guión: David Mackenzie, Bathsheba Doran, James MacInnes, David Harrower, Mark Bomback
Intérpretes: Chris Pine, Stephen Dillane, Rebecca Robin, Billy Howle, Paul Blair, Sam Spruell, Jonny Phillips, Ben Clifford, Jamie Maclachlan, Duncan Lacroix, Kevin Mains, Steven Cree, Tony Curran, James Cosmo, Alastair Mackenzie, Lorne MacFadyen, Jack Greenlees, Chris Fulton, Aaron Taylor-Johnson, Stephen McMillan, Florence Pugh
Fotografía: Barry Ackroyd
Montaje: Jake Roberts
Diseño de producción: Donald Graham Burt
Duración: 121 minutos
Año: 2018
6 puntos
DILEMAS HISTÓRICOS
Por Rodrigo Seijas
Hay un momento de Legítimo rey –producción original de Netflix- donde un noble dice “Wallace no era un hombre, era una idea, una idea destructiva y peligrosa”. Se refiere a William Wallace, el personaje histórico sobre el que hacía foco Corazón valiente, aquel film de Mel Gibson que sentó un paradigma sobre cómo filmar batallas cuerpo a cuerpo. Ese noble terminará muerto, aunque su dicho parece sobrevolar buena parte de la construcción del relato de la nueva película de David Mackenzie, centrada en la lucha posterior que emprendió Robert the Bruce –que en Corazón valiente cumplía un papel de reparto- para liberar de una vez por todas a Escocia del dominio inglés.
Al igual que en Sin nada que perder, su film anterior, Mackenzie retoma el concepto de marginalidad (por algo el título original de la película es Outlaw King, que significa “rey proscrito”) y lo aplica a la nobleza, haciendo hincapié en cómo esa nobleza puede implicar un estatus social pero también una virtud. El Robert the Bruce que encarna Chris Pine es un hombre de familia, consciente de sus responsabilidades y de los riesgos que afronta al plantear una nueva rebelión contra la monarquía del rey inglés Eduardo I, pero también de la oportunidad, las necesidades y de los valores que lo deberían guiar. A la vez, es un sujeto con unas cuantas contradicciones, que se va dando cuenta que ser leal a algunas personas puede implicar traicionar a otras, y que siempre hay un precio a pagar por determinadas decisiones.
En esa reflexión constante sobre el camino que emprende, el Robert the Bruce de Mackenzie pareciera pararse en un lugar casi opuesto al heroísmo sin dobleces del Wallace de Gibson. Pero es la búsqueda de épica (especialmente en su segunda mitad) de Legítimo rey la que la acerca a Corazón valiente, aunque también terminen teniendo un gran peso el drama moral y las intrigas políticas: en eso es muy representativo el plano secuencia que abre la película, que deja ver el trasfondo de alianzas, pactos y rupturas entre la corte inglesa y los nobles escoceses, pero finaliza con una demostración de espectacularidad. Y ese balance que busca el film entre el realismo y el artificio, lo histórico y lo legendario, por momentos le resta interés e impacto.
Hay en Legítimo rey una constante voluntad por exponer los mecanismos por los cuales se construyen leyendas o se recortan determinados sucesos históricos, pero también una necesidad por arrojarse de cabeza la materialidad que componen las épicas: la aventura, el romance, la violencia extrema, el riesgo, las pérdidas, las muertes dolorosas, la sangre, las apuestas a todo o nada. Y se da una paradoja: lo más interesante para el análisis es la primera vertiente, pero la más entretenida es la segunda. Legítimo rey es un experimento raro, algo fallido, pero que muestra a un realizador que esquiva la comodidad a la hora de narrar y utilizar la materialidad cinematográfica en función de apropiarse de la Historia.

