Muy Buena
EL MAL NUESTRO DE CADA DÍA
Por Rocío Rivera
se usó en los tribunales de Europa
entre los siglos XVI y XIX
como una forma de castigo
a las mujeres que según sus parejas
`hablaban demasiado´”.
Programa de mano Insania, 2018.
La violencia de género es una temática que se ha empezado a visibilizar cada vez más en los últimos años. Con el #niunamenos y con la campaña #abortolegalseguroygratuito las injusticias y desigualdades que el género femenino ha venido sufriendo desde siempre se pusieron en primera plana de la agenda social. El arte no queda exento y dentro de este encuadre se presenta en su tercera temporada Insania, obra de teatro basada en hechos reales, escrita y dirigida por Paul Caballero.
La obra, de gran potencia, es representada en un espacio poco convencional, y la historia que nos presenta es real, chocante y sensibiliza al público. Comencemos por el espacio donde se lleva a cabo la obra y el espacio de representación. El IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas de Argentina) es una fábrica recuperada que se organiza en forma de cooperativa y centro cultural que ofrece múltiples talleres y actividades culturales. Esta singularidad de espacio nos introduce a una lógica de expectación que desde el vamos es particular: para llegar a la sala de representación debemos subir varios pisos en una semioscuridad, escoltados por personal del lugar. Al entrar a la sala, en una oscuridad absoluta, nos acompaña uno de los personajes que, con una linterna en su cabeza, nos irá marcando el periplo de la acción dramática. Los espacios donde se lleva a cabo la historia se irán iluminando uno a uno a medida que el público se desplaza por una sala enorme que se encuentra fragmentada en varios espacios diferentes (casa familiar, casa de la pareja, etc.). El espectador es guiado y se desenvuelve activo, estando atento y en un contacto muy cercano con la acción, ya que el circulo mágico que separa al público de la representación no esta claramente definido en la dicotomía espacio/sala, sino que somos los propios espectadores quienes lo delimitamos, generando el distanciamiento crítico necesario para la pertinente apreciación de la obra.
El juego de luces que generan espacios dramáticos tenuemente iluminados, sumados a unas actuaciones dignas de destacar, nos envuelven en una atmosfera densa y de gran tensión, en correspondencia con la oscuridad de la historia que nos presentan. Primero, una breve introducción al personaje de “él”, quien con su madre desgranan y analizan la relación amorosa que tiene, intentando justificar, quizá, el trágico devenir con su historia familiar. Luego, la presentación del personaje de “ella”, quien con amigos que le marcan lo inestable de su relación, nos introduce a su lógica de justificación amorosa. Y, finalmente, el encuentro: tenso, violento, injustificado, injusto. La sumisión de ella y el ejercicio de poder de él. Aquí destacamos la actuación del personaje masculino, quien, con gestos de su rostro y tonos de voz, logra generar una figura de poder inescrupulosa y efectiva.
Posteriormente, la caída de la máscara del maltrato, aceptación de ella y huida del horror. La puesta en duda de la sociedad cuando una mujer reconoce ser víctima de violencia por parte de su pareja (recordemos a la señora de los almuerzos preguntando “¿hiciste algo para que te pegue?”) también es representada por la obra, en la figura del hermano de ella. Momentos y charlas de notable tensión dramática y humana son llevados a cabo de forma natural y realista por los actores, manteniendo la acción a través de sus movimientos corporales por la escena y por sus diálogos, ya que la obra prácticamente carece de sonidos extra-diegéticos y realmente tampoco la necesita. Todo lo que necesitamos ver es dicho y hecho por los actores. Lo mismo sucede con la escenografía, es escueta, sencilla, pero eso no importa, sirve de sustento necesario para enmarcar lo que se cuenta.
Finalmente, el desenlace: en un profundo y emotivo monólogo de ella, la obra cierra. Cierra con el empoderamiento y la aceptación de que la violencia es más cercana de lo que creemos, que está latente en muchas y muchos, por más “feministas” que se reconozcan. Con las palabras justas, la emoción en la voz y la iluminación estilo religioso adecuada, ella se recompone, renace tras la experiencia traumática para erguirse como un sujeto de poder. La obra emociona y esto se aprecia en que tanto actores y gran parte del público terminan con lágrimas en los ojos y una ovación sentida al trabajo actoral.
Dramaturgia y dirección: Paul Caballero Elenco: Belén Fernández Díaz, Pablo Pieretti, Betty Rizzo, Sabrina Ferder, Sebastián Sinnot, Nicolás Pinus, Fran Cantó Música en vivo: Marco López Diseño y realización de vestuario: Lucila Leccese Producción artística y puesta en escena: Fran Cantó Producción ejecutiva: Pablo Pieretti Duración: 70 minutos Sala: Teatro IMPA – La Fábrica Centro Cultural (Querandíes 4290, CABA) – Sábados a las 22:00.

