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La razón de estar contigo

Título original: A Dog’s Purpose
Origen: EE.UU.
Dirección: Lasse Hallström
Guión: W. Bruce Cameron, Cathryn Michon, Audrey Wells, Maya Forbes, Wally Wolodarsky, sobre el libro de W. Bruce Cameron
Intérpretes: Dennis Quaid, Britt Robertson, Bryce Gheisar, Juliet Rylance, Luke Kirby, Josh Gad, K.J. Apa, Peggy Lipton, John Ortiz, Gabrielle Rose, Michael Bofshever, Kirby Howell-Baptiste, Pooch Hall
Fotografía: Terry Stacey
Montaje: Robert Leighton
Música: Rachel Portman
Duración: 100 minutos
Año: 2017


4 puntos


MANUAL DE INSTRUCCIONES DE LA MANIPULACION

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Existen muy pocas películas como La razón de estar contigo que, con enorme precisión, resumen en sus primeros cinco minutos no sólo sus herramientas formales, sino además sus mecanismos, pretensiones y objetivos. En ese prólogo, la película de Lasse Hallström nos cuenta sobre un perrito que nace, crece y se desarrolla, es agarrado por la perrera y muere, y todo esto con la voz en off de Josh Gad (si tienen la suerte de verla subtitulada) que opera como una suerte de subconsciente perruno haciéndose el gracioso y reflexionando sobre la existencia con profundidad de autoayuda. Luego el perrito renacerá en otro cuerpo y vivirá otra vida. Y así. En pocos minutos, entonces, La razón de estar contigo asume que: su estructura será episódica, cree en la reencarnación y en otras abstracciones de la vida para hacernos sentir bien, apelará a golpes bajos para emocionarnos, e intentará no ser tan trágica a partir de las humoradas constantes. La razón de estar contigo es, en definitiva, cine familiar de baja calidad.

En algún momento Hallström fue un director interesante. Tanto en sus películas europeas como en su ingreso a Hollywood (Mi querido intruso, ¿A quién ama Gilbert Grape?), pero progresivamente se fue perdiendo en un mar de tosquedades y banalidades varias (seguramente su último film considerable es Las reglas de la vida… ¡hace ya 18 años!). Eso sí, el tipo todavía conoce la herramienta cinematográfica, y eso se nota en este film, que sin dudas manteniendo este tono edulcorado podría haber sido mucho peor. Incluso, si analizamos cada una de las historias que se cuenta, hay una sumatoria de tristezas y melancolías que atraviesan medio siglo de vida en la sociedad norteamericana, y que tienen que ver mucho con su mirada sobre los vínculos familiares y sentimentales. A Hallström le gusta eso de revolver, con elegancia, en ciertas miserias humanas para encontrar un camino de redención. El problema de La razón de estar contigo es que sus materiales son demasiado de segunda mano y se mueve sólo movilizada por su espíritu lacrimógeno.

Decíamos de su estructura episódica. Basado en el libro de W. Bruce Cameron, el film se construye a partir de las sucesivas muertes y resurrecciones del perro protagonista. Si bien su cuerpo va cambiando, y también sus dueños, su consciencia sobre las vidas anteriores es absoluta. Esos cambios de cuerpo y de dueño, además, sirven para que la película recorra diversas décadas, aprovechando estéticamente el uso de planos y tonalidades que remiten al cine de cada época: así como tenemos una nostálgica historia de los 60’s, también hay un pasaje policial típicamente 70’s, que es de lo peor de una película que no sobresale por sus cualidades positivas: es un pasaje feo narrativamente, falto de rigor, exclusivamente manipulador y hasta mala leche. De todos modos esos saltos temporales le aportan, además de la mirada social mencionada anteriormente, un ritmo que es fundamental para sostener un mínimo interés en lo que se está viendo.

Hacia el final, la película conecta con una historia contada al comienzo, seguramente la que más peso tiene en el relato y la que más afecta emocionalmente. Es una historia de crecimientos y pérdidas, de amores frustrados y amargura general. Ese pasaje es lo más atractivo, porque se aleja levemente del subrayado para poner en escena con acierto el significado de esos vínculos que se construyen en pantalla. Y porque sobre el desenlace, Dennis Quaid le aporta la solidez y sobriedad que La razón de estar contigo no tiene. Ahí además se ve lo mejor de Hallström. Que tampoco es tanto, básicamente porque La razón de estar contigo es antes que una película, un manual de instrucciones sobre cómo emocionar al espectador sin el más mínimo esfuerzo. Es una película mensajística, sobre el destino, la providencia y la imposibilidad de que nuestras decisiones nos terminen afectando porque, básicamente, todo parece estar escrito. Aquí, por el diseño de un perro que no conforme con ser mascota, también opera como Cupido.

En todo caso, La razón de estar contigo había avisado a los cinco minutos. Y quien avisa puede ser lo peor del mundo, pero no traiciona.

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