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Recapitulación de Homeland: Our man in Damascus

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

homelandATENCIÓN: SPOILERS

Y llegaron esas vueltas de tuerca, esos giros imprevistos, esos puentes rotos que han hecho a Homeland una de las series sólidas y alocadas a la vez. Our man in Damascus tiene altas chances de entrar entre los mejores capítulos de la serie, posee un vigor llamativo y se va alimentando de determinados hechos muy puntuales que ponen al espectador delante de los protagonistas en cuanto a la cantidad de información disponible.

Mientras Carrie y Saul le piden al médico de Quinn que lo despierte brevemente –sabiendo que eso pone su vida en peligro, lo cual vuelve a probar que para esta gente muchas veces importa más la misión que las personas- para tratar de obtener algún tipo de información, lo cual se revela como un intento infructuoso; la que avanza a mil por hora, con unos volantazos que la ponen al borde de lo inverosímil, es la historia de Allison, que vuelve a demostrar ser una mujer tan culposa como despiadada.

En verdad, lo de Allison va en paralelo con el accionar del grupo terrorista, que se encuentra súbitamente en dificultades ya que no funciona el detonador para los explosivos, lo cual lleva a que el líder le ordene a Quasim que se ponga en contacto con el profesor universitario que los configuró originalmente. ¿Por qué Quasim? Porque es el único que está en la lista de buscados, y porque claro, es el bueno, el culposo, el que no está seguro de la pertinencia del objetivo pero que también tiene la necesidad de probar que no es traidor, sino alguien finalmente leal. Con este personaje es con el que la serie viene forzando en mayor medida su credibilidad, en el sentido de que sus conflictos son mostrados de manera demasiado forzada y explícita, y ahí tenemos como ejemplo el diálogo que Quasim entabla con el profesor respecto a las motivaciones políticas y éticas para llevar a cabo el atentado: podemos entender y son válidas las perspectivas puestas en juego, pero todo se da a través de la palabra y la bajada de línea cae en el exceso.

Donde el episodio recobra vigor e impacto es a partir de las decisiones tomadas por Allison. Decisiones que son en verdad instrucciones por parte de los rusos, que buscan que el atentado finalmente se concrete, porque eso sería funcional a sus intereses políticos, o más bien bélicos. Con esto, Homeland vuelve a demostrar que las guerras pueden concretarse porque incluso los bandos no directamente involucrados y porque para eso cuentan ciertos individuos y sus ansias de supervivencia. Allison es uno de estos individuos, alguien que primero expone sus dudas y condicionamientos, pero luego actúa sin dudar, y lo hace brutalmente. La secuencia del interrogatorio al profesor universitario donde vuelve a la acción es electrizante y hasta logra que no nos importen los posibles cuestionamientos argumentativos: Allison consigue que su guardaespaldas le dé su pistola (¿por qué demonios dársela?), amenaza al profesor con matarlo si no dice la ubicación y el momento del atentado, aprovecha y le vuela la cabeza al guardaespaldas y, cuando el profesor finalmente habla, le vacía el cargador. Luego ella misma se dispara y monta una escenificación donde aparece como única víctima superviviente, para después mentirles a sus compañeros respecto a los datos del atentado.

Pero Our man in Damascus se reserva una sorpresa adicional, con la periodista Laura Sutton amenazando con revelar los archivos restantes de la CIA que permanecen ocultos si no liberan inmediatamente a Faisal Marwan. Sin embargo, la CIA no va a poder cumplir con sus demandas, porque Faisal ha decidido cometer suicidio arrojándose por una ventana, totalmente desmoralizado y sobrepasado por las presiones de, entre otros, Saul, quien tiene la que es posiblemente la mejor frase del episodio: “¿podemos tomarnos un minuto, por favor?” Es un pedido, o más bien un ruego, aunque los acontecimientos no darán tregua, con Allison aprovechando para escaparse justo cuando Carrie –luego de una exhaustiva serie de averiguaciones, con unos cuantos vaivenes morales- consigue transmitirle a Saul la verdadera información sobre el atentado: es en la estación de tren principal, en plena hora  pico, y no en el aeropuerto.

Our man in Damascus finaliza abriendo una carrera contra el tiempo y toda clase de obstáculos que se juega a tres puntas: la inminente divulgación de los archivos secretos de la CIA (que merecerían ser divulgados); el escape de Allison; y el atentado a punto de ocurrir, sólo con Carrie en condiciones de impedirlo. Se vienen minutos, incluso segundos decisivos en el último capítulo de la temporada, y nadie puede tomarse un minuto.

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