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Recapitulación de Homeland: Oriole

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

homeland

ATENCIÓN: SPOILERS

Sutilmente, de manera un tanto subterránea, este capítulo de Homeland giró alrededor de Allison, y por eso usamos su imagen para ilustrar este texto. Fue ella la verdadera protagonista, o más bien, la que estuvo en todos los momentos decisivos, la que está sufriendo los mayores dilemas personales, morales, incluso laborales.

Ella, como le dice su contacto ruso en una escena, es “la mayor penetración en la inteligencia estadounidense en la puta historia” y, si sobrevive a todo el embrollo, será algún día directora. Ella, como también le dicen, es una adicta, en el fondo adora ese juego de máscaras y apariencias, por más que al mismo tiempo lo padezca. En eso es como Carrie, alguien que se define por su trabajo y no por otra cosa. Sí, Allison es como el espejo de Carrie, pero desde el otro lado. Da para pensar si Saul, acostándose con ella, no está cumpliendo ciertos deseos ocultos…

Lo cierto es que Allison tambalea, está al borde del colapso, pero mantiene la confianza de Dar Adal, y éste la manda a tratar de sacarle información a Saul…y Allison lo logra, Saul le termina diciendo que sí, que se llevó material clasificado y que Carrie está viva. Da para pensar cómo demonios Adal y Saul no se dan cuenta de que Allison es la infiltrada, porque en sus ojos se intuye la desesperación, ese estar permanentemente al borde del ataque de nervios. Quizás se pueda atribuir a cómo Allison sabe posicionarse y escuchar de forma discreta, apenas llamando la atención, confiando –y acertando en hacerlo- en tipos como Saul a veces sólo piensan con el pene. La verdad que Allison, de a poco, se ha ido constituyendo en el verdadero hallazgo de esta temporada de Homeland: es un personaje fascinante, perfectamente interpretado por Miranda Otto, quien hacía un rato venía estancada en su carrera, pero que aquí le incorpora a su rol una enorme cantidad de matices desde el gesto, la mirada y hasta la postura física.

Oriole fue esencialmente un episodio de infiltraciones. No sólo está el papel de Allison, sino también la subtrama que se abre de la mano de Quinn, quien se gana la confianza del grupo de terroristas con el que compartió tiempo y espacio en Parabiosis, con el objetivo final de capturar a un líder en Siria, bajo el paraguas de Adal (¿hacia dónde irá esta línea narrativa? ¿Se unirá de alguna manera con todo lo demás, o está destinada a darle un sentido al transitar de Quinn?). Y por supuesto, tenemos toda la frenética transición de Saul, que pasa de una posición en extremo comprometida en la agencia, a otra aún más comprometida: cuando su amigo israelí le pregunta qué piensa hacer, él contesta “no sé, nunca antes había desertado”. Para Saul se abre una etapa de incertidumbre, pero en él se nota que eso le resulta excitante y hasta divertido. La verdad que para la serie también, teniendo en cuenta que siempre fue a partir de lo inesperado que se hizo fuerte.

Queda para lo último Carrie, que a pesar de ocupar buena parte del metraje de Oriole, no tuvo un peso específico tan fuerte. Quizás eso se deba a que toda su subtrama en Amsterdam, a pesar de algunos logrados momentos de tensión, no salió de ciertas variables previsibles. Tuvo que aparecer Allison, consiguiendo de manera casi involuntaria ganarse su confianza, para que los conflictos de Carrie recobren un impulso que la coloca nuevamente en una instancia cercana a lo imprevisible e inesperado. Como decíamos antes, para Homeland –cuyos tópicos resuenan ahora mucho más fuerte a partir de los atentados terroristas en París- lo imprevisto siempre es una buena noticia.

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