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Un miedo increíble a todo lo que existe

fantastic posterTítulo original: A Fantastic Fear of Everything
Origen: Inglaterra
Dirección: Crispian Mills, Chris Hopewell
Guión: Crispian Mills
Intérpretes: Simon Pegg, Alan Drake, Kiran Shah, Jack Jaikol Situn, Michael Feast, Henry Bowers-Broadbent, Clare Higgins, Paul Freeman, Mo Idriss, Doug Tulloch
Fotografía: Simon Chaudoir
Montaje: Dan Roberts
Música: Michael Price
Duración: 100 minutos
Año: 2012
Compañía editora: AVH


5 puntos


Los miedos de la propia película

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

fantastic unoSe puede establecer un paralelismo -un tanto antojadizo, hay que decirlo- entre Un miedo increíble a todo lo que existe y Monsters Inc. Ambas películas abordan el tema del miedo como construcción singular e individual, que depende de cada persona y que puede extenderse hasta el infinito de acuerdo a la importancia que se le dé al factor que genera el temor. Pero si la creación de Pixar aprovechaba para expandir su premisa, hilvanando un universo repleto de capas de análisis, el film dirigido por Crispian Mills y Chris Hopewell apenas si se queda en las insinuaciones.

No deja de ser una pena, porque Un miedo increíble a todo lo que existe prometía bastante, no sólo por el protagónico de Simon Pegg -un actor con una gran capacidad para pensar y reimaginar los géneros y tópicos que aborda-, sino por la premisa en sí: el relato se centra en Jack, un escritor de novelas criminales cuya investigación sobre los asesinos seriales de la época victoriana lo han convertido en un paranoico absoluto, quien deberá salir al mundo exterior (y ver sus peores miedos hechos realidad) cuando un productor muestra interés por su guión cinematográfico. Pero lo que parecía que podía ser un relato capaz de explorar y parodiar las convenciones genéricas del horror, el suspenso y el misterio -como lo hacían, desde otros posicionamientos, films protagonizados por Pegg como Muertos de risa, Arma fatal o Paul-, se queda en el mero regodeo, mostrándose incluso poco imaginativo y sutil para transitar con delicadeza esa delgada línea entre la tensión y la risa.

Es cierto que Un miedo increíble a todo lo que existe es un poco como su protagonista: cuando se permite salir al exterior y vencer sus propias turbaciones, es cuando se muestra más libre, aguda y hasta divertida. Allí hasta aparece una visión bastante sarcástica sobre los miedos urbanos -compartidos por absolutamente todos los habitantes de cualquier ciudad- y la desconfianza hacia el otro, enmarcada en una Londres oscura y turbadora, pero a la vez decididamente artificial, resaltando que ese paisaje londinense no deja de ser otra construcción cinematográfica más. Sin embargo, eso no alcanza para que en su totalidad, la cinta de Mills y Hopewell no pase del experimento fallido, que amaga con adentrarse en profundidad en varios tópicos de la cultura popular, pero se queda en la mera superficie. De esta forma, termina siendo una película temerosa de su propio planteo.

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